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lunes, 8 de junio de 2015

Y no te olvides de... RESPIRAR...

Estamos llegando al final del curso, parece mentira ¿eh?
Nuestros niños y niñas han crecido un año más, seguro que podemos identificar grandes diferencias entre ellos desde el día de comienzo de curso a ahora. Se han hecho un poquito más mayores...

Hace una semana que los de 5 se graduaron, ya pasan a Primaria, ¡eso sí que es un cambio! Entre emociones, nervios y risas, nos demostraron que son capaces de aprender y recitar su parte de poesía ante un montón de padres y madres, ¡bravo por ellos!
Y eso que en los momentos previos hubo alguno que me dijo que "casi se desapunta" porque estaba muy nervioso, je, je.  Al final no se desapuntó, y lo hizo fenomenal.

Yo llevaba varios días diciéndoles: "no os olvidéis de respirar", y ellos me miraban con sorpresa, como diciendo "¿cómo no vamos a respirar? nos moriríamos".

Sin embargo, quiero insistir en la idea de la respiración. Y es que ¿cuántas veces hemos dejado de respirar adecuadamente y nos ha costado algún disgustillo?, por ejemplo cuando vamos conduciendo y alguien comete una infracción delante nuestra, o cuando estamos haciendo cola y alguien se deja caer delante de nosotros como si estuviera ahí desde antes que nosotros, o cuando nuestro hijo o hija no obedece y pensamos que nos está echando un pulso... Son muchas veces las que interrumpimos momentáneamente la respiración y es ahí cuando dejamos de pensar con claridad.

Tenemos que saber que la respiración nos ayuda a reposar nuestro cerebro ancestral, el instintivo, que funciona por impulsos sin pensar. Si dejamos rienda suelta a este cerebro la mayor parte de las veces nos habremos equivocado. Sobre todo en la tarea de educar, ardua y de largo recorrido, que necesitamos sobre todo resistencia y mucha, mucha paciencia.

Así que en esta entrada me permito deciros lo mismo que les decía a los niños: "No te olvides de respirar", y os dejo un regalito para que veamos los efectos de la respiración. Un corto para frenar la ira y hacernos pensar más antes de actuar.

¡Feliz verano familias!



miércoles, 13 de mayo de 2015

¿Y cómo les enseñamos a decir NO?

La etapa infantil se caracteriza entre otras cosas porque aprenden por modelos, como hemos dicho en la entrada anterior. Son dependientes del juicio moral de los adultos, y la variedad y diversidad de "personalidades" tienen mucho que ver con estilos de comportamiento y modelos de aprendizaje. Aunque también tiene que ver con cómo reforzamos o no los comportamientos, haciéndoles muchas veces unos pequeños tiranos por no ser capaces de poner límites y normas.

Al margen de esto, muchas veces ocurre que observamos en nuestros hijos comportamientos de "dejarse llevar" por la mayoría, es decir, no saber decir que no. En los grupos de niños podemos comprobar como hay niños más líderes y capaces de arrastrar a los demás, aunque éstos sepan que está mal lo que se les está pidiendo hacer. Este comportamiento se hace más notable cuanto más crecen si no aprenden a manejarlo desde pequeños.

Enseñar a nuestros hijos e hijas a diferenciarse del resto es un bien que les haremos para su futuro y que nos agradecerán de adultos. 

Enseñar a decir no, o a ser diferentes, es lo que llamamos comportamiento asertivo. La asertividad es un
estilo de comunicación que persigue principalmente un objetivo: respetar tus propios derechos, pensamientos, sentimientos sin faltar y sin imponerlos sobre otros.

Imaginemos que estamos esperando una cola para comprar unas entradas a un concierto que teníamos muchas ganas. Llevamos dos horas haciendo cola y de repente llega una pareja de jóvenes y se coloca delante de nosotros. Podemos reaccionar indignados, enfadados a más no poder, insultando y faltando al respeto; o bien podemos callarnos y aguantarnos porque nos da vergüenza decir lo que sentimos y lo mal que nos parece o pensamos que no merece la pena; o por último, podemos dirigirnos a la pareja, con respeto y educación, y manifestar nuestra queja y pedir que se pongan al final de la cola ya que estamos en nuestro derecho. Ésta última manera de proceder sería la realmente asertiva.

La asertividad no es fácil para los adultos, cuanto peor será para los niños, pero es un comportamiento que se entrena, se moldea y se modela. Si somos asertivos ante nuestros hijos, ellos aprenderán a serlo. El comportamiento asertivo además, previene también el acoso escolar ya que serán capaces de defenderse de los agresores. Es más, si todos aprendiésemos a ser asertivos no existiría ni tendría cabida la violencia o el acoso. 

Para enseñar a los niños a ser asertivos, lo primero imprescindible es enseñarles cuáles son sus derechos asertivos. Una adaptación de éstos para niños puede ser la siguiente: 

Tienes derecho a ser protagonista de tus propias emociones, pensamientos y comportamientos, y eres responsable de tus actos y de las consecuencias de lo que sientes, piensas y haces. 
No tienes que dar excusas a todo el mundo por lo que haces. 
Si las cosas van mal, no es por tu culpa. 
Puedes cambiar de opinión si te sientes incómodo. 
Cuando cometes un error puedes admitirlo sin avergonzarte. 
No tienes obligación de saberlo todo. Puedes decir "no sé" sin sentirte mal. 
No tienes por qué ser amigo de todos, ni tiene por qué gustarte lo que todo el mundo hace. 
No tienes por qué demostrar a nadie que tienes razón. 
No tienes que entenderlo todo, y puedes decir "no lo entiendo" sin sentirte mal. 
No es necesario que seas perfecto, y no tienes por qué sentirte mal cuando eres simplemente TÚ.


Pensemos por un momento que estos derechos se nos aplican directamente a nosotros mismos, y que somos nosotros, padres y madres, como educadores naturales de nuestros niños los que hemos de ejercer estos derechos y hacer que los ejerzan también con nosotros... parece tarea complicada ¿verdad? 

Con los niños muy pequeños es importante utilizar ayudas y simulaciones para enseñar comportamientos, y más si son vinculadas con las habilidades sociales y emocionales. Utilizar cuentos suele ser un buen recurso, ¿quién no conoce "El traje nuevo del Emperador"? Trabajar con cuentos como este puede ayudarnos a explicar a nuestros hijos en qué consiste ser capaz de decir lo que uno piensa, siente o quiere aún en contra de la mayoría y sin sentirse mal por ello. 

En definitiva, lo que queremos es enseñarles a: 

• Decir " no" sin sentirse culpables
• Saber expresar lo que sienten o piensan a los demás
• Hablar diciendo la verdad sin necesidad de herir
• Favorecer las relaciones con las personas
• Reconocer los fallos propios sin desanimarse
• Aprender a hacer críticas positivas
• Reconocer los derechos de uno mismo y los de los demás
• Alcanzar los propios objetivos sin dañar a nadie
• Conseguir el sentimiento de satisfacción y seguridad en sí mismo

viernes, 17 de abril de 2015

También aprendemos por modelos


Ya estuvimos hablando en la anterior entrada de la importancia que tienen los refuerzos en el aprendizaje y el fomento de buenos hábitos.

Sin embargo, no debemos perder de vista otro modo de aprender que es tan potente o más que los propios refuerzos. Es el aprendizaje por modelos.

Un modelo de conducta es cualquier  comportamiento que realizamos de forma repetitiva y que los niños absorben sin darse cuenta. Es muy frecuente que los padres y madres comenten e identifiquen comportamientos en sus hijos que ellos tenían de pequeños o que, incluso, tienen ahora. Muchas veces pensamos que esos comportamientos se deben a la genética, pero la realidad es que no, que se deben al aprendizaje sutil e inconsciente que supone la observación de un modelo.

Los niños son muy perceptivos y sensibles a cualquier estímulo que provenga del ambiente, y los comportamientos que las familias, escuela, entorno, etc. ejercemos son estímulos muy potentes que se filtran sin que el niño escoja conscientemente. Es sorprendente como cuando somos padres nos descubrimos hablando como nuestros padres, y comportándonos como nuestros padres. Esto es así porque nosotros hemos aprendido a ser padres, viendo a los nuestros, que fueron el modelo que tuvimos de niños.

Por eso es importante reflexionar sobre esto y mostrar modelos competentes de conducta. Esto significa ser coherentes y comportarnos como les pedimos a ellos que se comporten.

Os dejo un vídeo muy ilustrativo sobre este tema, hoy toca reflexionar.




viernes, 20 de marzo de 2015

Fomentar buenos hábitos y buen comportamiento

Todos sabemos que, en la ardua tarea de educar, tenemos que fomentar buenos hábitos para que sepan desenvolverse cada vez con más autonomía, y buen comportamiento para que no estén continuamente echándonos pulsos o enrabietándose cada vez que no se salen con la suya. 

Muchos padres y madres se quejan de que sus hijos tienen mucho carácter, que cada vez que tienen una negativa a alguna petición, suelen intentarlo de todos modos bien llorando, pataleando, gritando... 
Pues bien todo esto es normal, y dentro de su proceso de desarrollo y de cada vez mayor autonomía, probarán a salirse con la suya hasta que consigan autorregular su propio comportamiento. 

Somos los adultos los que tenemos que regular dicho comportamiento e ir consiguiendo poco a poco que sea un proceso automático en el que el niño o la niña sepa que por mucho que patalee no va a conseguir nada. 

Es importante, por tanto, que conozcamos algunas pautas para enseñarles a conseguir autorregular su comportamiento y desarrollar hábitos adecuados para su propio desarrollo tanto físico como emocional. 

En este sentido, y como primer punto importante hemos de aprender que todas las personas aprendemos mucho por REFUERZOS, es decir, toda consecuencia agradable y gratificante que obtengamos después de un comportamiento: recibir un premio. Aunque también es refuerzo, la ausencia de consecuencia desagradable. Un ejemplo: 

Imaginemos que a nuestro hijo no le gustan las lentejas y cuando se las está comiendo nos dice continuamente que no quiere más. Podemos reforzarle diciéndole: "cuando te lo acabes te daré el postre que te gusta" (refuerzo positivo), o bien, "si te comes dos cucharadas más, te retiro el plato" (refuerzo negativo). Ambos tipos aumentan la probabilidad de que coma las lentejas, es decir, aprenden que haciendo un esfuerzo pueden obtener un premio. 

Teniendo claro que todos aprendemos por refuerzos, ¿cuál es el papel de los castigos? El castigo sólo funciona cuando no es aplicado como reacción emocional por nuestra parte y está en función del refuerzo, es decir, sé que lo que tengo que hacer para obtener el refuerzo, pero si no lo hago aparece el castigo automáticamente. Otro ejemplo: 

Todos sabemos que si nos saltamos un semáforo en rojo existen altas probabilidades de que nos podamos chocar con otro coche, atropellar a alguien y que nos pongan una multa. Todos conocemos las consecuencias de saltarnos un semáforo en rojo y no hace falta que nos estén avisando continuamente de ello. Si el guardia nos para por habernos saltado el semáforo, no nos regaña y dice "te lo dije, ya me he cansado, multa!" gritándonos, si no que simplemente se limita a aplicar la sanción. Y lo más importante, nosotros sabemos lo que tenemos que hacer para evitar el castigo. 

Esta es la relación entre los refuerzos y los castigos, y así es como hemos de funcionar con nuestros hijos: 
  • Dejar claros los límites y las consecuencias de traspasarlos. 
  • Utilizar comunicación positiva, breve, concisa y clara.
  • Advertir de las consecuencias gratificantes por realizar las conductas deseadas.
Podemos ayudarles gráficamente mediante una tabla de comportamiento. Las tablas de comportamiento sirven para ayudar a conseguir aprender. No han de utilizarse para penalizar o para hacer "escarnio público" de lo que no son capaces y por eso es muy importante utilizarlas con determinadas premisas:

1. Escoger comportamientos o hábitos concretos, fácilmente identificables por el niño, y enunciarlos en positivo: por ejemplo, en vez de "obedecer" podemos poner "hacer lo que te pida mamá/papá cuando te lo diga solo una vez". Es preferible utilizar una única cosa que todas las que queremos conseguir, porque es un proceso. 

2. Poner sólo dos o tres cosas a conseguir, y a ser posible escoger una que sea relativamente fácil, ya que así conseguirán un mínimo de puntos por su comportamiento.

3. Ayudarse de imágenes, los niños pequeños no saben leer y aunque supieran, una imagen vale más que mil palabras y les va a ayudar a recordar qué es lo que tienen que conseguir. 

4. Colocarla en un lugar visible, a ser posible plastificarla para poder ir poniendo y quitando puntos a lo largo de las semanas. 

5. Marcarse retos semanales, podemos poner un número a conseguir al final de la semana del total de la tabla, de tal modo que les sirva para orientarse a objetivos concretos. Esos puntos de final de la semana pueden y deben cambiarse por algún premio mayor, como una actividad que les guste mucho. 

6. Evaluar diariamente los logros. Si en alguna de las conductas no ha conseguido el punto no le pongamos punto negativo, simplemente no pongamos nada. Recordad que no se trata de penalizar, si no sólo de premiar y orientar a retos. 
Extraido de www.orientacionandujar.es
Una vez vayan consiguiendo algunos de los hábitos podemos irlos cambiando y ampliando la tabla, pero sólo una vez que lo hayan conseguido. 

Y no olvidemos una cosa importantísima: El refuerzo social, emocional, es el más potente de todos los refuerzos y puedo utilizarlo en todo momento, no olvidemos por tanto premiar cada conducta, iniciativa o actitud positiva, porque eso servirá para que nuestros hijos aprendan y mejoren en su desarrollo emocional. 


viernes, 6 de marzo de 2015

Un poquito de auto-motivación

Conozco una chica de diecisiete años que todos los días frente al espejo dice: "soy una estrella". Ella dice: si me lo digo a mí misma no necesito que nadie más me lo diga, y ¿sabéis qué? que tiene razón!

Muchas veces los chicos más mayores que no sacan tan buenas notas como deberían, o que tienen un comportamiento de "pasotismo" tanto en casa como en el cole, dicen frases como "es que no me motiva el cole", "es que los profes no nos motivan", "es que mis padres no me motivan"... todas estas frases tienen un denominador común, expresan que la motivación está fuera de ellos, y que alguien o algo tiene que esforzarse para conseguir que es motivación suceda.

Sin embargo, esta chica que frente al espejo todos los días se dice "soy una estrella" no está esperando que le llegue de fuera la motivación, la lleva consigo, y eso la impulsa.

Hemos de enseñar a nuestros hijos e hijas pequeñas  la superación, el logro, la resistencia a la frustración, mostrándoles que las metas hay que programarlas poco a poco, de lo más fácil a lo más difícil hasta conseguir todo lo que nos propongamos.

Si no sé hacer una cosa, y siempre me la hacen los mayores, nunca aprenderé y sentiré que no soy capaz haciéndome sentir mucho más frustrado. Mi autoestima será muy baja y estaré esperando, a la menor dificultad en mi vida, que los demás me solucionen los problemas... o que los demás me motiven.

Así que enseñemos a nuestras hijas e hijos que la fortaleza reside en ellos, que nosotros sólo les guiamos, ayudamos e impulsamos, pero que son ellos los que en definitiva irán aprendiendo y superando cada pequeño reto que se les vaya planteando en la vida que es un recorrido de largo plazo. Enseñemos a nuestros hijos a automotivarse, a decirse "sí puedo", en lugar de "no puedo", y a decirse cosas como esta niña, ¿qué mejor manera de empezar el día?

viernes, 20 de febrero de 2015

Dormir en su cama... ¿cómo ayudarle?

Una de las cosas más difíciles en la tarea de ser padres y madres es darnos cuenta de cuándo nuestro bebé se ha convertido en un niño o una niña que tiene que aprender poco a poco autonomía y seguridad. 
Muchas veces, la hora de dormir es una tortura. Comienzan de bebés, cuando aún no pueden entender o razonar pero se perpetúa muchas veces, incluso, más allá de los 3 años. 

Algunos padres optan por meter al niño en su cama, si se despierta por las noches, ya que así podrán descansar todos, pero esto es un mal hábito porque con cierta edad es muy difícil que vuelva a acostumbrarse a dormir solo o sala y esto repercute en su propia autonomía y maduración.

Algunas pautas para hacer que vuelva a dormir en su cama pueden ser:  

  • Debemos ser tiernos a la vez que firmes con él/ella. Tenemos que explicarle a nuestro/a hijo/a qué es lo que va a ocurrir a partir de ese momento, que debe aprender a dormir en su habitación y en su cama. Si el/la niño/a va hasta la habitación de sus padres, hay que hacerle volver a su cama y meterlo en ella sin demasiadas contemplaciones. Los padres han de ser firmes.
  • Es muy importante establecer y mantener un ritual a la hora de ir a dormir: contarle un cuento, darle un beso de buenas noches y explicarle que dentro de un rato volveremos. El objetivo es que el/la niño/a se quede solo/a en su habitación y no importa que no se duerma.
  • Al principio el/la niño/a intentará por todos los medios volver a la rutina anterior (llorará para ir a la cama de los padres), ya que él/ella no entiende que debe dormir solo/a, es normal, cuando está acompañado/a de sus padres o familiares todo el día, no le gusta el momento en el que se tiene que quedar solito/a.
  • Con los días, aumentaremos los tiempos de espera para ir a verle hasta que se duerma. Con este sistema, empezará a dormirse solito/a sin reclamar nuestra presencia.
  • Es posible que el niño/a desarrolle comportamientos llamativos para hacernos cambiar de opinión: vómitos, hacerse pis... Si esto sucede debemos mostrar calma, acercarnos a su lado y decirle que no pasa nada, le limpiamos y le cambiamos la ropa y nos quedaremos con él/ella hasta que se calme, pero después le diremos que tiene que dormirse él/ella solo/a y nos marchamos.

  • Es muy importante utilizar recompensas por el hecho de dormir solo/a o los progresos hacia esa meta. Asegúrese de expresar lo orgulloso/a que se está de él/ella y que es un "chico/a mayor". Le prestaremos una atención especial y sea cariñoso/a con él/ella durante el día.
  • Establecer un horario regular de sueño. Los niños y niñas pequeños han de dormir mucho, cuanto más duermen más van a necesitarlo. Un niño de infantil ha de descansar entre 10-12 horas por la noche, así que establezcamos una hora de acostar temprana, sobre todo si le cuesta quedarse dormido. 
  • Se puede utilizar una ayuda visual, como una tabla/calendario en la que se marcará  los días que ha tenido éxito, acordando previamente el premio a final de semana, si se comienza con refuerzos continuos pasar poco a poco a refuerzos intermitentes.
Y por último, pero no menos importante, hemos de enseñar a nuestros hijos e hijas el respeto por los espacios y la intimidad de cada miembro de la familia, y además, pensemos que quizás así volvamos a descansar a pierna suelta tanto ellos como nosotros. 



            

lunes, 9 de febrero de 2015

¿Cómo enseñar a obedecer a la primera?

Muchas veces los padres y madres tenemos que repetir varias veces una instrucción para que nuestros hijos nos hagan caso. Incluso muchas veces acabamos haciéndolo nosotros porque no obedecen.
Esta sensación de desobediencia nos desespera y suele crear un ambiente tenso en casa, muchas veces perdemos los nervios y nos ponemos a gritar sin medir lo que estamos diciendo y que no se corresponde con los hechos, ya que al final lo acabamos haciendo nosotros.
Hay varias pautas y características que hemos de tener en cuenta cuando estamos atrapados en esta inercia.
¡Comencemos!

Los niños pequeños tienen un período de atención muy corto, es decir, que muchas veces cuando les decimos que hagan algo, aunque ellos nos han oído y saben que lo tienen que hacer, se olvidan fácilmente si no lo hacen inmediatamente. Siempre va a haber algo más atractivo, un juego, un estímulo que llame su atención... y por tanto hemos de estar pendientes para que lo hagan inmediatamente después de que se lo hayamos dicho. Repetir las instrucciones ayuda a que lo recuerden, pero también nos enseña a nosotros que tenemos que repetirlo, y esa no es la solución.

También es una característica de los niños que siguen instrucciones simples y directas. Muchas veces nos complicamos diciéndoles lo que tienen que hace, no sólo les decimos lo que tienen que hacer si no otro montón de cosas más que generalmente es información que sólo entendemos nosotros. Si queremos que recojan los juguetes deberíamos centrarnos únicamente en eso, por ejemplo si decimos: "Juan, recoge los juguetes porque es tarde y tenemos que ir a bañar y a cenar para irnos pronto a la cama, que luego estás muy cansado mañana, así que venga...", es muy probable que Juan no sepa qué tiene que hacer primero, hay muchas instrucciones en esa frase y Juan no es capaz de procesarlas todas. En lugar de eso deberíamos decir, sencillamente, "Juan, recoge los juguetes", y quedarnos con él hasta que empieza a hacerlo, incluso comenzar a recoger con él. De este modo se centrarán solo y exclusivamente en lo que tienen que hacer.

Otro de los errores que cometemos es olvidarnos de reforzar sistemáticamente a nuestro hijo cuando cumple con sus tareas. Si le pedimos que recoja los juguetes y comienza a hacerlo, debemos decirle lo bien que está eso, debemos hacerle ver que nos sentimos súper orgullosos de lo obediente que es. El refuerzo funciona mucho más que la penalización, pongamos el foco en lo que hace y no tanto en lo que no hace. Debemos ser capaces de observar el comportamiento de nuestros hijos, sin etiquetar, que un niño no recoja los juguetes no le convierte en un vago. Si nos acostumbramos a poner etiquetas, ellos se comportarán como la etiqueta que le hemos puesto, y no atenderán a lo que tienen que hacer si no a lo que esperamos de ellos en función de dicha etiqueta. Por ejemplo, si le decimos a Juan que es un vago porque no hace caso y hasta que no le pedimos tres veces que recoja los juguetes no lo hace, e incluso muchas veces lo tengo que hacer yo porque no hay forma con él, Juan se comportará exactamente como lo estamos diciendo, esperará a recibir la instrucción tres veces o incluso esperará que lo recojamos nosotros, ya que Juan es "vago". Ahora bien, si le decimos, Juan recoge los juguetes, nos quedamos con él hasta que empiece y le decimos simplemente: "muy bien Juan, que mayor te estás haciendo, me siento muy orgullosa de ti...", Juan recibirá un mensaje de motivación y orientación a retos que podrá ir superando progresivamente.

No olvidemos utilizar la comunicación positiva, ya que sólo esta es la que ayuda a centrarse en los posibles y no en los imposibles. Este es un ejercicio difícil, porque normalmente nos sale el NO antes que nada: "No juegues en la mesa", "No corras", "No pegues"... todo esto efectivamente hay que hacérselo ver, pero hay veces que podemos dar la vuelta a los términos y enunciarlos de otro modo, por ejemplo: "Me gustaría que te terminases la comida", "Intenta ir un poco más despacio" o "respeta a tu hermana y juega con ella"... Es lo mismo pero no es igual, y debemos tener presente que las limitaciones muchas veces impiden orientarse a mejorar, y además les enseña a ser negativos. Hay veces que hemos de utilizar el no, evidentemente, pero siempre que podamos intentemos utilizar el mensaje alternativo y positivo.

Pongamos límites y normas claras. Las normas y los límites han de estar claramente establecidos y consensuados. Esto no significa que tengamos que pactar con ellos todo, significa que hemos de dejar definidos estos para que ellos sepan en todo momento qué han de hacer y qué no han de hacer. Nuevamente en el establecimiento de las normas es muy importante ser positivos también en la comunicación. Muchas veces son importantes las ayudas visuales, poner en algún sitio visible dibujos que referencien las normas les ayudará a recordar cuáles son y así poder cumplirlas sin necesidad de estar nosotros encima constantemente. Les ayudará en la autonomía y en la propia autoestima ya que se sentirán seguros.

En resumen, para que obedezcan nuestros hijos hemos de seguir los siguientes puntos básicos:
1. Explicar claramente las normas y límites en términos positivos.
2. Aportar ayudas visuales para que referencien lo que tienen que hacer o no hacer.
3. Dar la instrucción solo una vez, y supervisar que se cumple.
4. Reforzar y apoyar.