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martes, 22 de septiembre de 2015

La llegada de un hermanito

La llegada de un hermanito o de una hermanita es una gran alegría pero conlleva enormes cambios. La vida de la familia se trastorna por completo, debido al cambio del ritmo de vida impuesto por el recién llegado y es normal que sea precisamente el hijo mayor el que se resienta en mayor medida de esta novedad.

El recién nacido concentra toda la atención, los cuidados y el afecto de todos, y la vida familiar empieza a regularse en función de sus necesidades. Visto de este modo, es fácil entender que nuestro hijo mayor experimente algunos celos hacia el pequeño, o por lo menos, si no son celos, algo de ansiedad.

Para los hermanos mayores, la llegada de un hermano requerirá la atención de los padres ya que puede provocar resentimiento, angustia, incertidumbre. Su aceptación va a depender de la forma en cómo se maneje el anuncio del embarazo, la forma de integrarlo durante todo el desarrollo del mismo y la forma de presentárselo después del nacimiento, tratando de que la incorporación del nuevo miembro no cause estragos en el grupo familiar.

Pero ¿cómo podemos prepararle para la llegada del nuevo hermano?

El papel del hermano mayor

Antes todo giraba en torno al hijo mayor. Ahora este rol va a desaparecer y va a surgir el rol de hermano mayor que debe ayudar, portarse bien, cuidar del hermano, etc. El niño debe sentirse querido y mimado igual que siempre y para ello los padres deben estar muy pendientes de él y dejarle involucrarse en las cosas que tengan que ver con la llegada del nuevo hermano. De este modo lo vivirá como algo que también es de él y no sólo de los mayores. Si le involucramos en cositas sencillas se sentirá importante y verá que le valoramos.

Es importante que tengamos en cuenta que hasta ahora, el niño no contaba con nadie más que con sus padres para relacionarse, pedir ayuda, etc. Pasar a ser hermano mayor conlleva también pasar a tener más responsabilidades y asumir un rol que no conocía. Si somos capaces de transmitírselo con entusiasmo es muy probable que acuse menos los comportamientos que suelen darse en ellos.

A menudo se sentirá sólo o dado de lado, creerá que ya no es importante para los mayores, pueden aparecer miedos al rechazo o al abandono y los padres tendrán que poner especial cuidado en comentarios que puedan herir al niño. Aunque parezca que está a lo suyo los niños lo están escuchando todo y se dan cuenta de lo que hacemos y decimos.

Pasar de ser el favorito a ser el segundo no gusta a nadie, pero la idea que debemos transmitir es la de ganancia. ¿Qué gana el niño mayor con la llegada del hermano? Podrá jugar con otra persona, podrá hacer cosas solo que antes no se le permitían, ahora por la falta de tiempo le responsabilizarán de cosas de mayor.

¿Qué puede sentir nuestro hijo?

Este acontecimiento en ocasiones puede producir algunos cambios de conducta en el hermano mayor, dándose regresiones incluso. Por ejemplo: niños mayores vuelven a hacerse pis en la cama cuando ya lo habían controlado o vuelven a succionar el pulgar o a beber en biberón. Además, pueden mostrarse tristes e irritables y, en casos más extremos, aprovechar los momentos en que no son observados para agredir físicamente a su hermanito.

El razonamiento de estos niños es parecido al siguiente: "mamá prefiere al bebé porque es más pequeño", por lo que "si me vuelvo a comportar como cuando era bebé, seré nuevamente el preferido". Este problema, llamado comúnmente "Complejo de Caín" normalmente desaparece en poco tiempo, ya que el niño quiere volver a ser grande nuevamente para disfrutar de las ventajas de ser mayor, siempre y cuando ambos padres estén conscientes de que él también tiene necesidades de amor y caricias.

Cuanto más pequeño sea el niño, más notará la llegada del nuevo hermanito, más difícil le resultará
superarlo, menos herramientas posee para manejar la nueva situación y adaptarse a ella (hasta los 6-7 años los niños son muy egocéntricos en cuanto al afecto, y por ello le costará mucho ponerse en el lugar de los otros). Por otro lado, cuanto más pequeño, mayor es la dependencia con respecto a sus padres.

¿Cómo debo manejar esta situación después del parto?

Dedícate exclusivamente a él en su primera visita: Después del nacimiento trata de que sea uno de los primeros en visitarte y dedícate exclusivamente a él en su primer visita. Es muy buena idea tener preparado algún regalo traído por el nuevo bebé para su hermanito mayor.
No modifiques su rutina diaria: Conviene no cambiarle la rutina diaria y si hay que hacer algún cambio en la casa para acomodar al recién nacido, conviene hacerlo con mucha anticipación y con su ayuda, para minimizar confusiones.
Pídele que te ayude a cuidar al bebé: Ya de vuelta en casa, trata en lo posible y dependiendo de su edad, que coopere en todo lo posible, que guarde los pañales, que te ayude a vestirlo, durante el baño, o que meza la cuna para dormirlo.
Dar relevancia al hecho de que él es el mayor y que por ello goza de unas responsabilidades y unas ventajas mayores respecto al recién nacido, sin provocar, que el niño crezca demasiado deprisa ni pretender que se acostumbre de inmediato a la nueva situación.
Mantener sus espacios y respetar sus lugares y pertenencias.
Enseñarle canciones de cuna para dormir al bebé: Es buena idea que le enseñes canciones para dormirlo, las mismas que tú le cantabas a él cuando era niño.
No fuerces situaciones que él no desee: En los casos en que lo ignore por completo, no fuerces la situación, cuando él lo crea conveniente se acercará solito.
Dedícale todo el tiempo posible cuando no tengas que cuidar a tu bebé: Cuando el bebé esté durmiendo pasa todo el tiempo posible con él y que el padre lo atienda mientras tu alimentas o bañas al bebé, de forma que el niño sienta que tiene a uno de sus padres con el 100% de su atención exclusivamente para él. Reservar un tiempo del día para sentaros con él tranquilamente y hablar de sus cosas. Hay que demostrarle que tiene toda nuestra atención.
No lo apartes bruscamente cuando atiendas al nuevo bebé.
No permitir el comportamiento caprichoso; los padres deben seguir tratando al niño del mismo modo que lo hacían cuando se portaban mal, en este momento también hay que hacerlo. Mantener unos límites claros.
No evites demostrar cariño y afecto por el nuevo hermano, es un error evitar el contacto directo con el nuevo hijo delante del hermano mayor para evitar que éste último sienta celos o se ponga triste puesto que esto generará contradicciones y no enseñaremos que podemos tener mucho amor para los dos.
Tratad de compartir alguna actividad con el hijo o los hijos mayores: la ida a la cama, al jardín, un paseo por el parque, un cuento, etc. Esto les hará sentir que no perdieron todos los espacios con la madre y que es una cuestión de tiempo recuperar prácticamente todos, aunque algunos ya serán siempre con el hermano.
El papá suele ser el aliado por excelencia del hijo mayor. Esto significa que el padre puede comenzar a incentivar al niño a iniciar alguna actividad juntos –jugar a la pelota, leer, tomar la leche, visitar a los abuelos, etc.-, ahora que la madre está tan ocupada y ambos tienen tiempo libre.
Es bueno dejar que el niño toque al bebé y lo acaricie desde sus primeros días. No hay que ser sobreprotectores con el nuevo bebé.

Aún así, pueden sentir celos y manifestar conductas como llamadas de atención que en muchos casos hacen de modo insconsciente:
Desobediencia, oposición o negativismo hacia la autoridad paterna.
Conductas regresivas (como volver a hacerse pis en la cama).
Tristeza.
Conductas con las que manifieste explícitamente su rechazo hacia el nuevo hermanito e incluso conductas agresivas y violentas.

¿Cómo podemos actuar si siente celos?

Como en cualquier patrón de manejo de la conducta en nuestros hijos, lo más importante es actuar con serenidad y paciencia. Muchos de los problemas de nuestros hijos desaparecen con la madurez y por eso hemos de observarlos ofreciendo alternativas y herramientas para manejar las situaciones. No obstante, algunas pautas que pueden servirnos de actuación son:

Ignorar las conductas negativas recurrentes con las que el niño pretende llamar la atención, y reforzar los comportamientos de “verdadero hermano mayor”, o cuando el niño demuestra un verdadero interés y un esfuerzo por superar sus celos con gestos de cariño.
Cuando se castiguen conductas inapropiadas el niño debe conocer con detalle por qué se le castiga. Se castiga una mala conducta, que el niño se ha portado mal, no que sea malo, porque ningún niño “es malo”.
Muchos de los castigos suelen aplicarse después de conductas violentas o agresivas: el niño debe entender que de ninguna manera obtendrá beneficios adoptando ese tipo de conductas, que nada las justifica, que deben controlarse y reprimirse.
Cuando esto suceda hay que enseñarle a arrepentirse, a pedir disculpas sin humillación, con mucha calma y sin agresividad por nuestra parte (no podemos corregir la violencia con más violencia). Hacerle ver que todos nos equivocamos y podemos rectificar, que todos pedimos disculpas alguna vez y con ello tratamos de ser mejores.
Reserva un tiempo especial para estar tu hijo mayor. Explícaselo claramente: “Mamá siente no poder estar contigo en este momento. Pero dentro de un rato podremos jugar juntos". Y no permitas que nada interfiera con ese momento. Abrázalo, cántale o léele como siempre lo has hecho. Mientras menos cambios se produzcan en su rutinaria, menos stress sentirá.
La hora de ir a la cama, de comer e ir de paseo son particularmente importantes. También es importante compartir sin que haya una agenda predeterminada; así tu hijo mayor sentirá que puede tomar decisiones sobre las actividades que van a realizar juntos.
A pesar de que todo este trabajo de preparación y apoyo puede ayudar a tu hijo mayor a superar este proceso de adaptación inicial, no esperes que la paz dure por siempre. Con cada nueva etapa en el desarrollo del bebé, es probable que el hermano mayor experimente retrocesos y malestar.
Se deben evitar las comparaciones
Ten en cuenta que cada niño, cada hijo, cada hermano es diferente, y que por lo tanto necesitarán un trato y respuestas diferenciadas. Los niños deben aprender la existencia de estas diferencias, y así comprender que ser diferente no implica ser mejor o peor que…
Intentad no hacer comparaciones entre él y el hermano cuando esté delante, se lo tomará a mal y se sentirá menospreciado. Su mente lo interpretará como que antes todo lo hacía bien y ahora es su hermanito el que le hace la competencia. Con estos comentarios ayudaremos a que la competitividad entre hermanos sea mayor y se podrá alargar cuando sean más mayores.

Por último, una buena herramienta para trabajar un momento tan importante pueden ser los cuentos. En este enlace tenéis una lista de cuentos que os pueden ayudar:
http://www.escueladesuperpadres.es/cuentos-para-la-llegada-de-un-hermano/

lunes, 14 de septiembre de 2015

Hacer amigos en Infantil

Una de las grandes ventajas de la escuela en edades tan tempranas es la socialización de los niños. En Educación Infantil aunque comencemos a aprender prelectura, preescritura y prematemáticas, quizás lo más significativo es que comenzamos también a hacer amigos.

Son edades muy tempranas para afianzar relaciones, pero lo que suceda en esta etapa irá sirviendo de ensayo de lo que seremos capaces de hacer después. No porque sean pequeños tenemos que dejar de promover y facilitar habilidades que les sirvan para identificar sus emociones, sus deseos y sus preferencias a la hora de tener amigos.

Para los niños que se sienten cómodos con sí mismos y se llevan bien con los demás, es mucho más probable que tengan éxito en la escuela y en la vida, que los que se encuentran emocionalmente desconectados, carecen de autoestima, o no saben interactuar con otros. Es por eso muy importante trabajar la emocionalidad y sociabilidad desde el comienzo de sus vidas.

Al principio los bebés reaccionan a los estímulos a través del llanto y la sonrisa. Poco a poco van desarrollando la sonrisa social, es decir, aquella que responde a los estímulos sociales con las personas más cercanas (generalmente los padres y familiares cercanos). Lo que va a ir sucediendo después tiene mucho que ver con cómo nos comportemos con ellos, qué tipo de experiencias les hagamos vivir y cómo afrontemos la ampliación del círculo social con ellos.

Todos tenemos emociones que nacemos con ellas. Con lo que no nacemos es con el conocimiento de cómo manejarlas para que nos sirvan de algo.

Enseñarle a los niños acerca de la naturaleza de las emociones no es esconderlas o eliminaras, la mayoría de ellas pueden ser tanto de beneficio como problemáticas.

Como en la mayoría de las áreas, los niños se fijan en sus personas de referencia (madre, padre, maestra,...) como modelos a seguir. Los modelos de conducta, como ya hemos comentado en este blog en otras ocasiones, son muchas veces más potentes de lo que pensamos y es muy importante ofrecer modelos competentes que les sirvan de referencia.

Los padres y  madres también pueden:
  • Ayudar a los niños a identificar y darle nombre a las emociones que estén experimentando, "veo que estás enfadado". Y ofrecerles una alternativa para poder expresar dichas emociones: "Cuando estás enfadado no debes perder el control, pide tu turno o pregúntame si hay otro lápiz amarillo que puedas usar."
  • Reconocer los logros de los niños y celebrarlos. La alabanza constante interfiere con su habilidad para desarrollar auto-estima. Pero el reconocimiento sincero por los logros, aunque éste parezca trivial desde la perspectiva del adulto (por ejemplo beber de un vaso por primera vez sin derramar el líquido) ayuda al desarrollo de la confianza y hace que los niños quieran continuar intentando cosas nuevas y estructurando habilidades nuevas. Hay que transmitir confianza y seguridad para que ellos sientan que pueden lograr cualquier cosa con la constancia y el esfuerzo adecuado. 
  • Es recomendable que los papás y mamás utilicen el refuerzo en lugar del castigo. Es mejor guiar el comportamiento hacia lo que sí hay que hacer que hacia lo que no hay que hacer, aunque esto también tenga que estar presente. Es bueno involucrar a los niños en la elaboración de las normas ya que les hace protagonistas y se sienten más responsables. 
  • Las expectativas han de ser realistas, en cuanto a desarrollo se refiere. Un niño de un año no está listo todavía para compartir un juguete. Pero un niño de cuatro años puede empezar a usar las estrategias del compartir como es tomar turnos o jugar juntos con un juguete.
Dentro del entorno escolar, también se trabajan las nociones básicas de la educación en valores a través de estrategias de trabajo, que pueden ser las siguientes:

  1. Las normas y la autorregulación de la conducta. Es importante hacerles partícipes de la elaboración y aprobación de las normas, sobre todo a partir de los 4 años donde son más capaces de asumir responsabilidades sobre su propia conducta. 
  2. Las narraciones y las historias ejemplares: los cuentos son una oportunidad para introducir al niño en el proceso cognitivo y afectivo del aprendizaje.
  3. La clarificación y el autoconocimiento. Los niños han interiorizado un conjunto de valores como producto de sus experiencias previas. Una estrategia recomendable es jugar o conversar sobre aquello que el niño o niña valora, cuáles son los valores familiares y de su entorno cercano.
  4. La reflexión de dilemas y el diálogo. La mayor dificultad para actuar con base en valores es que en la vida las disyuntivas no siempre se presentan como elecciones entre lo bueno y lo malo; a veces tenemos que elegir entre dos valores, por ejemplo la amistad y la honestidad.
  5. El análisis de situaciones sociales. Enseñar a través de la acción, el ensayo sobre las situaciones cotidianas relacionadas con el ámbito social, como los juegos, los amigos, estrategias de relación...
Y por último y a modo de recordatorio, es importante que tengamos en cuenta una vez más, que todos los adultos que interactuamos con los niños somos potentes modelos de comportamiento, valores y expresión de emociones. Hagamos lo mismo que les pedimos, mostrando el modelo a seguir de modo competente. 


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Y llegó "la vuelta al cole"

Sin saber muy bien cómo, septiembre ya está aquí y con él ha llegado ese mes en el que volvemos a las rutinas, nos incorporamos al trabajo y nuestros hijos e hijas al colegio.

Para algunos es una reincoporación, para otros es completamente nuevo. Sea como sea, para unos y otros la vuelta al cole supone a veces un poquito de estrés, y conlleva volver a reconducir ritmos, rutinas y hábitos que hemos perdido durante el verano.

Los niños pequeños acusan estos cambios mucho más, no tienen tan presente la noción del tiempo y esto hace que, aunque ya estuvieron en el cole en el curso anterior, lo vivan como una novedad y a veces les cuesta adaptarse. Por otro lado, para aquellos niños que nunca antes han estado escolarizados, la incorporación al colegio es todavía más estresante, y debemos ser muy pacientes para ayudarles a que vivan ese período de la manera más tranquila.

Llamamos período de adaptación, por tanto, a un período que no suele durar más de quince días y que conlleva algunos comportamientos que nos ponen nerviosos y nos hacen preocuparnos como lloros, temor a separarse de los padres... Normalmente estos comportamientos se dan en el momento de la separación, y tienden a desaparecer en cuanto los padres desaparecen y comienzan a sentirse confortables en su clase con sus compañeros.

¿Y qué debemos hacer nosotros, padres y madres, para favorecer su adaptación? Lo primero y más importante es saber que nuestros hijos van a estar bien y que es absolutamente normal cierto temor a lo nuevo y a lo desconocido.

  • Debemos transmitir mucha tranquilidad y alegría, tienen que percibir que no estamos inquietos nosotros también porque esto sólo contribuirá a inquietarlos. Los niños son muy sensitivos y suelen percibir nuestra propia inseguridad, por lo que es muy importante mostrarles tranquilidad y seguridad emocional. 
  • Hagámosles ver que el cole es un lugar estupendo, lleno de experiencias para ellos y que van a disfrutar. No mostremos el colegio como un lugar de sufrimiento y esfuerzo, porque sentirán entonces que al cole se va a sufrir y no a disfrutar. 
  • Intentemos organizar rutinas desde ya en casa para que puedan irse organizando y no sea tan brusco el cambio. Pensemos que han estado muchos días sin horarios y esto puede ser uno de los puntos más conflictivos a la hora de volver al cole. 
  • Cuando salgan del cole, debemos interesarnos por todo lo que han aprendido y jugado. No hagamos un interrogatorio sobre qué han comido, si se han portado bien... es mucho mejor preguntarles por todo lo que han disfrutado y si han hecho amigos (a no ser que se trate de bebés, ¡claro!). Acostumbrarles a pensar en esos términos contribuirá a confiar y comunicar más adelante lo que les sucede cuando no están con nosotros. 

Y para terminar, debemos continuar haciendo lo que quizás hayamos estado haciendo este verano, y es jugar con ellos, aprovechar cada minuto para disfrutar de la compañía juntos porque cada momento de juego es también un momento de aprendizaje y desarrollo, y servirá para fortalecer un vínculo de seguridad emocional que necesitarán para poder realizar poco a poco su camino hacia la madurez.

Os dejo un vídeo muy interesante que nos hará reflexionar y sacar nuestro niño interior, juguemos con nuestros hijos porque ese es el mejor regalo que podemos hacerles, ¡en verano o en cualquier época del año!