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lunes, 14 de septiembre de 2015

Hacer amigos en Infantil

Una de las grandes ventajas de la escuela en edades tan tempranas es la socialización de los niños. En Educación Infantil aunque comencemos a aprender prelectura, preescritura y prematemáticas, quizás lo más significativo es que comenzamos también a hacer amigos.

Son edades muy tempranas para afianzar relaciones, pero lo que suceda en esta etapa irá sirviendo de ensayo de lo que seremos capaces de hacer después. No porque sean pequeños tenemos que dejar de promover y facilitar habilidades que les sirvan para identificar sus emociones, sus deseos y sus preferencias a la hora de tener amigos.

Para los niños que se sienten cómodos con sí mismos y se llevan bien con los demás, es mucho más probable que tengan éxito en la escuela y en la vida, que los que se encuentran emocionalmente desconectados, carecen de autoestima, o no saben interactuar con otros. Es por eso muy importante trabajar la emocionalidad y sociabilidad desde el comienzo de sus vidas.

Al principio los bebés reaccionan a los estímulos a través del llanto y la sonrisa. Poco a poco van desarrollando la sonrisa social, es decir, aquella que responde a los estímulos sociales con las personas más cercanas (generalmente los padres y familiares cercanos). Lo que va a ir sucediendo después tiene mucho que ver con cómo nos comportemos con ellos, qué tipo de experiencias les hagamos vivir y cómo afrontemos la ampliación del círculo social con ellos.

Todos tenemos emociones que nacemos con ellas. Con lo que no nacemos es con el conocimiento de cómo manejarlas para que nos sirvan de algo.

Enseñarle a los niños acerca de la naturaleza de las emociones no es esconderlas o eliminaras, la mayoría de ellas pueden ser tanto de beneficio como problemáticas.

Como en la mayoría de las áreas, los niños se fijan en sus personas de referencia (madre, padre, maestra,...) como modelos a seguir. Los modelos de conducta, como ya hemos comentado en este blog en otras ocasiones, son muchas veces más potentes de lo que pensamos y es muy importante ofrecer modelos competentes que les sirvan de referencia.

Los padres y  madres también pueden:
  • Ayudar a los niños a identificar y darle nombre a las emociones que estén experimentando, "veo que estás enfadado". Y ofrecerles una alternativa para poder expresar dichas emociones: "Cuando estás enfadado no debes perder el control, pide tu turno o pregúntame si hay otro lápiz amarillo que puedas usar."
  • Reconocer los logros de los niños y celebrarlos. La alabanza constante interfiere con su habilidad para desarrollar auto-estima. Pero el reconocimiento sincero por los logros, aunque éste parezca trivial desde la perspectiva del adulto (por ejemplo beber de un vaso por primera vez sin derramar el líquido) ayuda al desarrollo de la confianza y hace que los niños quieran continuar intentando cosas nuevas y estructurando habilidades nuevas. Hay que transmitir confianza y seguridad para que ellos sientan que pueden lograr cualquier cosa con la constancia y el esfuerzo adecuado. 
  • Es recomendable que los papás y mamás utilicen el refuerzo en lugar del castigo. Es mejor guiar el comportamiento hacia lo que sí hay que hacer que hacia lo que no hay que hacer, aunque esto también tenga que estar presente. Es bueno involucrar a los niños en la elaboración de las normas ya que les hace protagonistas y se sienten más responsables. 
  • Las expectativas han de ser realistas, en cuanto a desarrollo se refiere. Un niño de un año no está listo todavía para compartir un juguete. Pero un niño de cuatro años puede empezar a usar las estrategias del compartir como es tomar turnos o jugar juntos con un juguete.
Dentro del entorno escolar, también se trabajan las nociones básicas de la educación en valores a través de estrategias de trabajo, que pueden ser las siguientes:

  1. Las normas y la autorregulación de la conducta. Es importante hacerles partícipes de la elaboración y aprobación de las normas, sobre todo a partir de los 4 años donde son más capaces de asumir responsabilidades sobre su propia conducta. 
  2. Las narraciones y las historias ejemplares: los cuentos son una oportunidad para introducir al niño en el proceso cognitivo y afectivo del aprendizaje.
  3. La clarificación y el autoconocimiento. Los niños han interiorizado un conjunto de valores como producto de sus experiencias previas. Una estrategia recomendable es jugar o conversar sobre aquello que el niño o niña valora, cuáles son los valores familiares y de su entorno cercano.
  4. La reflexión de dilemas y el diálogo. La mayor dificultad para actuar con base en valores es que en la vida las disyuntivas no siempre se presentan como elecciones entre lo bueno y lo malo; a veces tenemos que elegir entre dos valores, por ejemplo la amistad y la honestidad.
  5. El análisis de situaciones sociales. Enseñar a través de la acción, el ensayo sobre las situaciones cotidianas relacionadas con el ámbito social, como los juegos, los amigos, estrategias de relación...
Y por último y a modo de recordatorio, es importante que tengamos en cuenta una vez más, que todos los adultos que interactuamos con los niños somos potentes modelos de comportamiento, valores y expresión de emociones. Hagamos lo mismo que les pedimos, mostrando el modelo a seguir de modo competente. 


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