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lunes, 9 de febrero de 2015

¿Cómo enseñar a obedecer a la primera?

Muchas veces los padres y madres tenemos que repetir varias veces una instrucción para que nuestros hijos nos hagan caso. Incluso muchas veces acabamos haciéndolo nosotros porque no obedecen.
Esta sensación de desobediencia nos desespera y suele crear un ambiente tenso en casa, muchas veces perdemos los nervios y nos ponemos a gritar sin medir lo que estamos diciendo y que no se corresponde con los hechos, ya que al final lo acabamos haciendo nosotros.
Hay varias pautas y características que hemos de tener en cuenta cuando estamos atrapados en esta inercia.
¡Comencemos!

Los niños pequeños tienen un período de atención muy corto, es decir, que muchas veces cuando les decimos que hagan algo, aunque ellos nos han oído y saben que lo tienen que hacer, se olvidan fácilmente si no lo hacen inmediatamente. Siempre va a haber algo más atractivo, un juego, un estímulo que llame su atención... y por tanto hemos de estar pendientes para que lo hagan inmediatamente después de que se lo hayamos dicho. Repetir las instrucciones ayuda a que lo recuerden, pero también nos enseña a nosotros que tenemos que repetirlo, y esa no es la solución.

También es una característica de los niños que siguen instrucciones simples y directas. Muchas veces nos complicamos diciéndoles lo que tienen que hace, no sólo les decimos lo que tienen que hacer si no otro montón de cosas más que generalmente es información que sólo entendemos nosotros. Si queremos que recojan los juguetes deberíamos centrarnos únicamente en eso, por ejemplo si decimos: "Juan, recoge los juguetes porque es tarde y tenemos que ir a bañar y a cenar para irnos pronto a la cama, que luego estás muy cansado mañana, así que venga...", es muy probable que Juan no sepa qué tiene que hacer primero, hay muchas instrucciones en esa frase y Juan no es capaz de procesarlas todas. En lugar de eso deberíamos decir, sencillamente, "Juan, recoge los juguetes", y quedarnos con él hasta que empieza a hacerlo, incluso comenzar a recoger con él. De este modo se centrarán solo y exclusivamente en lo que tienen que hacer.

Otro de los errores que cometemos es olvidarnos de reforzar sistemáticamente a nuestro hijo cuando cumple con sus tareas. Si le pedimos que recoja los juguetes y comienza a hacerlo, debemos decirle lo bien que está eso, debemos hacerle ver que nos sentimos súper orgullosos de lo obediente que es. El refuerzo funciona mucho más que la penalización, pongamos el foco en lo que hace y no tanto en lo que no hace. Debemos ser capaces de observar el comportamiento de nuestros hijos, sin etiquetar, que un niño no recoja los juguetes no le convierte en un vago. Si nos acostumbramos a poner etiquetas, ellos se comportarán como la etiqueta que le hemos puesto, y no atenderán a lo que tienen que hacer si no a lo que esperamos de ellos en función de dicha etiqueta. Por ejemplo, si le decimos a Juan que es un vago porque no hace caso y hasta que no le pedimos tres veces que recoja los juguetes no lo hace, e incluso muchas veces lo tengo que hacer yo porque no hay forma con él, Juan se comportará exactamente como lo estamos diciendo, esperará a recibir la instrucción tres veces o incluso esperará que lo recojamos nosotros, ya que Juan es "vago". Ahora bien, si le decimos, Juan recoge los juguetes, nos quedamos con él hasta que empiece y le decimos simplemente: "muy bien Juan, que mayor te estás haciendo, me siento muy orgullosa de ti...", Juan recibirá un mensaje de motivación y orientación a retos que podrá ir superando progresivamente.

No olvidemos utilizar la comunicación positiva, ya que sólo esta es la que ayuda a centrarse en los posibles y no en los imposibles. Este es un ejercicio difícil, porque normalmente nos sale el NO antes que nada: "No juegues en la mesa", "No corras", "No pegues"... todo esto efectivamente hay que hacérselo ver, pero hay veces que podemos dar la vuelta a los términos y enunciarlos de otro modo, por ejemplo: "Me gustaría que te terminases la comida", "Intenta ir un poco más despacio" o "respeta a tu hermana y juega con ella"... Es lo mismo pero no es igual, y debemos tener presente que las limitaciones muchas veces impiden orientarse a mejorar, y además les enseña a ser negativos. Hay veces que hemos de utilizar el no, evidentemente, pero siempre que podamos intentemos utilizar el mensaje alternativo y positivo.

Pongamos límites y normas claras. Las normas y los límites han de estar claramente establecidos y consensuados. Esto no significa que tengamos que pactar con ellos todo, significa que hemos de dejar definidos estos para que ellos sepan en todo momento qué han de hacer y qué no han de hacer. Nuevamente en el establecimiento de las normas es muy importante ser positivos también en la comunicación. Muchas veces son importantes las ayudas visuales, poner en algún sitio visible dibujos que referencien las normas les ayudará a recordar cuáles son y así poder cumplirlas sin necesidad de estar nosotros encima constantemente. Les ayudará en la autonomía y en la propia autoestima ya que se sentirán seguros.

En resumen, para que obedezcan nuestros hijos hemos de seguir los siguientes puntos básicos:
1. Explicar claramente las normas y límites en términos positivos.
2. Aportar ayudas visuales para que referencien lo que tienen que hacer o no hacer.
3. Dar la instrucción solo una vez, y supervisar que se cumple.
4. Reforzar y apoyar.

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