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domingo, 23 de julio de 2017

Meditación en vez de castigos y... ¡feliz verano!

Estamos ya en pleno verano, lo sé, pero no he dejado de pensar en que aún no os hemos deseado desde el departamento de orientación ¡Feliz Verano! y, por ello, aprovecho una noticia que me ha parecido curiosa, y para reflexionar, para que disfrutéis el máximo de vuestros niños y niñas.

La noticia se titula: Un Colegio sustituye los castigos por meditaciones con resultados sorprendentes (http://culturainquieta.com/es/inspiring/item/10713-un-colegio-sustituye-los-castigos-por-meditaciones-con-resultados-sorprendentes.html)



La cuestión es la siguiente, a aquellos niños que se portan mal se les invita a ir a una sala donde se realizan ejercicios de meditación, y se habla sobre el comportamiento, dando pautas y ayudas para controlar la ira. La verdad es que puede parecer paradigmático pero, ya sabemos que los castigos no siempre funcionan y para que funcionen han de darse bajo determinadas circunstancias... y esto no es siempre así.

El manejo del comportamiento pasa por aprender a buscar lo que quiero y necesito, a respetar a los demás, a convivir... a través del castigo no siempre se aprende esto, a veces se genera más ira. Por eso, enseñar a manejar el comportamiento, y las emociones, en niños que tienen dificultades para ello está contribuyendo a que conecten áreas de su cerebro que necesitan madurar para llevar a cabo estos aprendizajes con éxito.

Me gustó mucho la idea, quizás podemos pensar y reflexionar en cómo podemos mejorar nuestro lado emocional y ayudar a nuestros hijos a que lo mejoren también.

En estas vacaciones os deseamos que haya mucho de relajación, de risas, de disfrute... y poco o nada de tensión, malas caras o frustración. ¿Lo intentamos?

Os esperamos el próximo curso cargaditos de novedades.

¡Feliz Verano Familias!

lunes, 8 de mayo de 2017

¿Adictos a la Tablet? Consejos para gestionar el uso responsable de las TIC

Cada vez la tecnología avanza más llegando a meterse en nuestras vidas de la manera más fácil y cotidiana. ¿Quién de nosotros no maneja un teléfono inteligente, una tablet y ordenador de manera cotidiana? Está claro que las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) han llegado para quedarse. Además, es también cierto que nos facilitan la vida en múltiples facetas, tanto personales como profesionales.

Pero también en los últimos años estamos asistiendo a un creciente uso de estos dispositivos por parte de los niños, y cada vez en edades más tempranas. Muchos padres y madres han encontrado en ellos un aliado en la búsqueda de paz y descanso, y eso ha contribuido en algunas ocasiones a generar la aparición de otros problemas, como pueden ser conductas adictivas y falta de control en el uso de estos aparatos por parte de los más pequeños.

¿Pueden ser adictos nuestros niños pequeños? El Sunday Mirror informó en el año 2010 sobre un caso de que un niño de 4 años de edad era el adicto más joven del iPad de Gran Bretaña y que fue tratada por el psiquiatra Dr. Richard Graham en la Clínica Capio Nightingale en Londres. "Los niños nacen hoy en día en un entorno tecnológico y mucho padres tienden a usar los ordenadores, los iPads y los smartphones como si fueran niñeras", según el doctor Richard Graham, y añade: "Si al niño se le deja largas horas imantado a una pantalla, y si ve a sus padres haciendo lo mismo, estamos creando las condiciones para una relación enfermiza con la tecnología".

Sin ánimo de crear alarma ni de pensar que no deben utilizar dichos medios, creemos que hay pautas que los padres y madres deben conocer y llevar a cabo para evitar que el uso pueda ser tan perjudicial.

¿Qué pueden hacer padres y docentes para evitar este incipiente problema?

  •  Da ejemplo. No abuses de tus dispositivos. Ya hemos hablado en otras ocasiones de la importancia que tiene el modelo que ejerces en tus hijos, por tanto, intenta ser consciente del uso que das a estos dispositivos, dedicando tiempo a estar con tus hijos, charlar con ellos, etc. sin la presencia del móvil.
  • Retrasa el momento de comenzar a usarlo. Se recomienda desde la Academia Americana de Pedriatría, no comenzar a usar dispositivos antes de los dos años de edad. 
  • Controla su uso. Es importante fijar reglas, por ejemplo no utilizarlo durante la comida, cena, etc. Además limitar su uso a determinadas horas, pactar con ellos el tiempo máximo de uso al día. Muy importante cumplir todos las reglas establecidas. 
  • Selecciona los contenidos, que éstos sean adaptados a la edad y a ser posibles educativos. Es recomendable también jugar con ellos, puesto que así podremos supervisar sus capacidades, sus destrezas y controlar que no accedan a contenidos inadecuados. 
  • Aunque hay que tener precaución, no debemos negar su uso, puesto que forma parte de su entorno. Es mucho mejor ser conscientes del potencial de éstas y acompañarles en su uso. Investigaciones recientes señalan que los gamers adquieren habilidades sociales y trabajan mejor en grupo. Los dispositivos, bien utilizados, son buenos para un desarrollo integral del individuo.
Y si después de todo esto, sospechamos que nuestro hijo tiene cierta dependencia de la tablet, los juegos... actuemos antes de que vaya a más. Para "desenganchar" a nuestro hijo, hemos de promover actividades fuera de la pantalla, desde actividades sociales que requieran el cara a cara, como algunos deportes y actividades al aire libre. Hablar con el colegio para estar alineados y promover dichos tipos de actividades en colaboración con el resto de niños. 

En definitiva, no es bueno prohibir pero si limitar el uso. Graham no es partidario de declarar los dormitorios de los niños como 'zona libre de tecnología', pero sí cree en la conveniencia de fijar límites horarios, mantener la puerta abierta para controlar su uso "y velar sobre todo para que los niños no usen las pantallas una hora antes de dormir, para que no interfiera en el sueño". 

En resumen, alternar diferentes tipos de actividades darán a los niños habilidades y competencias que les permita su desarrollo integral, pero eso sí, formando parte de su entorno que en la actualidad está formado también por las TIC. 


domingo, 16 de abril de 2017

El equilibrio entre el pasado y el futuro en la búsqueda de la felicidad

En los tiempos que vivimos tan convulsos y llenos de desastres, cuesta mucho pararse a pensar en el futuro, sobre todo si ya tenemos unos años y experiencias vitales. Las personas adultas, en ocasiones, somos negativos en cuanto al futuro, pensamos con la vista puesta en el pasado y presente, no pensamos en qué podemos hacer nosotros como individuos dentro de un sistema para mejorar o cambiar las cosas.

Sin embargo, si les preguntamos a los niños y adolescentes incluso, ellos se resisten a pensar así. Para ellos la vida está sin estrenar y es el lugar en el que van a vivir con total certeza, así que prefieren pensar en cambiarlo, en disfrutarlo, en avanzar.

Ellos de mayores quieren ser... lo que sea que quieran ser, y nosotros hemos de ser ese soporte sobre el que edifiquen sus sueños y propósitos.

Nos han enseñado a no soñar, sobre todo a los que somos de determinada generación, a vivir "con los pies en la tierra", pero es esta una tierra cada vez más vulnerable y si no somos conscientes de que formamos parte de ella probablemente también arruinemos los sueños de nuestros hijos e hijas.

En la última era cada vez está más presente la tendencia de las personas a soñar, a pensar en nuestro bienestar, a intentar ser felices, y yo me pregunto si eso no será un reflejo de una gran necesidad que nos está uniendo para la generación colectiva de un futuro donde no sólo nuestros niños puedan dar cabida a sus objetivos, si no nosotros mismos alcancemos un mayor nivel de felicidad.

La felicidad tiene que ver también con la memoria y con cómo recordamos aquellos momentos que consideramos que son o no felices. Nos lo explica muy bien en este vídeo Daniel Kahneman donde nos dice que no es lo mismo lo que vivimos que lo que recordamos que hemos vivido, y eso hace que valoremos los acontecimientos y, en ocaciones, nuestra vida en general de determinado modo.



La felicidad, esa meta tan deseada pero tan lejana muchas veces, es producto de nuestra memoria en gran medida. Probablemente no dependa tanto de tener o no tener salud, dinero o amor, si no más bien de qué rememoramos cuando pensamos en esas tres cosas, de las experiencias vividas en torno a ellas y el recuerdo fuertemente asociado a ellas.

Por eso es importante recordar o rememorar experiencias placenteras, momentos en los que hayamos vibrado, y agarrarnos a ellos para poder responder a una simple pregunta "¿Cómo nos imaginamos el mundo en un futuro?". No se trata de engañarnos y no mirar lo que hay, se trata de imaginar en base a emociones positivas vividas qué podemos hacer para dejar al menos un futuro.

Esto es lo que se les preguntó a dos grupos, uno de adultos y otro de niños, en un experimento y esto es lo que respondieron ambos.




¿Qué os parece? ¿No creéis que ha llegado el momento de pensar más hacia el futuro y nuestro papel en él? Creo que es necesaria la colectividad y hacer fuerza para dejar que haya espacio para ellos. No debemos olvidar que todo a nuestro alrededor comenzó siendo el sueño de alguien, o muchos alguien, que quisieron pensar en un futuro y dar un paso adelante para mejorar su vida.

Necesitamos que ese cambio se produzca hoy para que mañana miremos a nuestros hijos y pensemos "desde chiquitito quiso ser y lo es".

viernes, 31 de marzo de 2017

La clave está en ver más allá de la forma

Cuántas veces nos encontramos actuando de manera automática e instintiva, sin saber muy bien por qué, ante lo que vemos, percibimos o sabemos. Y cuántas veces podríamos hacer las cosas de un modo diferente si nos dejáramos llevar por nuestra creatividad.

Os dejo un vídeo motivador para hacernos pensar en cuántas formas diferentes puede tener un objeto. Quizás podemos hacer la traslación y pensar también en cuántas formas diferentes pueden existir para resolver un problema, para generar soluciones y, ¿por qué no?, para educar a nuestros hijos.

¡Espero que os guste y lo disfrutéis!


jueves, 23 de febrero de 2017

Dificultades en el lenguaje: las dislalias

El lenguaje oral es nuestra herramienta para comunicarnos, sin embargo, a veces puede fallar por la aparición de trastornos como las dislalias, la dislexia (trastorno del aprendizaje de la lecto-escritura al confundirse o alterarse el orden de letras, sílabas o palabras) o la tartamudez (trastorno del habla, permanente o temporal, caracterizado por las repeticiones e interrupciones involuntarias en la emisión de palabras que afecta a la fluidez verbal).

En el siguiente artículo vamos a conocer a grandes rasgos todo lo relacionado con las dislalias, ya que este trastorno es muy frecuente en la etapa de infantil, el más conocido, el más fácil de identificar y el que tiene gran cantidad de consecuencias en los niños.


¿Qué son las dislalias?

Son alteraciones en la articulación de los fonemas, es decir, es la mala pronunciación de los fonemas. El niño con dislalia omite ciertos sonidos o los sustituye por otros de forma incorrecta.
Se detectan en los primeros años del niño y, aunque no son de gravedad, es conveniente corregirlas lo antes posible para evitar problemas de conducta y de comportamiento en los niños. Los niños que pronuncian mal son considerados “retrasados” por su entorno porque su lenguaje puede llegar a ser inteligible, por lo que afecta a su desarrollo afectivo.

La forma de hablar de los niños dislálicos puede ser imitada de forma ridícula y de burla por otros niños. Esto causa trastornos en la personalidad del niño, inseguridad, baja autoestima, problemas de comunicación con su entorno y dificultades o alteraciones en su aprendizaje escolar, sobre todo en la lecto-escritura.


¿Cuántos tipos existen?

  1. Dislalia evolutiva: El niño es incapaz de repetir por imitación las palabras que escucha y lo hace de forma incorrecta, distorsionando algunos fonemas porque no está preparado para pronunciarlos. 
  2. Dislalia audiógena: Es causada por una deficiencia auditiva. El sujeto que no oye bien no articula adecuadamente y confunde fonemas semejantes. 
  3. Dislalia orgánica: Puede ser de dos tipos: disartrias (alteración en la articulación de la palabra, debido a lesiones en el Sistema Nervioso Central. Se da principalmente en casos con Parálisis Cerebral) y disglosias (lesiones físicas o malformaciones de los órganos articulatorios periféricos del habla: labios, mandíbula, dientes, lengua y paladar). 
  4. Dislalia funcional: La articulación está alterada por un mal funcionamiento de los órganos articulatorios. No hay causas de tipo orgánico, pero el niño no usa correctamente los órganos al articular un fonema debido a: falta de control en la psicomotricidad fina de los órganos articulatorios (sobre todo de la lengua); déficit en la discriminación auditiva (el niño no diferencia y produce errores en la imitación oral); deficiencia intelectual



¿Qué tipo de errores hay?


  • Sustitución: El niño articula un fonema en lugar de otro. Cuando no puede articular bien un fonema lo reemplaza por otro conocido y fácil para producirlo. Otras veces se da un error en la percepción auditiva y el niño no discrimina los dos fonemas. Se da en cualquier posición de la palabra. Es el error más frecuente y difícil de corregir. Las sustituciones más frecuentes son /l,d,g,r/ en vez de /r fuerte/; txk; lxr; zxf; dxl; sxz; bxg.





  • Distorsión:
    El niño produce un sonido distorsionado e incorrecto debido a una posición errónea de los órganos articulatorios, a una falta de control del soplo respiratorio y a la falta de vibración de las cuerdas vocales. Se da en posición intervocálica.






  • Omisión: El niño no articula los fonemas que no domina, es decir, los omite. Se da a principio de palabra. 








  • Inserción:
    El niño introduce otro fonema para ayudarse en la articulación de otro más difícil. Se da en los sinfones.










Ante cualquier alteración vista anteriormente es necesario acudir a un especialista para hacerle una evaluación de su lenguaje y de las bases funcionales de la articulación (habilidad motora de los órganos articulatorios, soplo, respiración y discriminación auditiva). Tras los resultados obtenidos se determinará el tratamiento a seguir, el cual dependerá del origen del trastorno, que puede ser causado por malformaciones físicas (intervención médica) o retrasos fonológicos (intervención educativa).

Para finalizar decir que debemos de observar el lenguaje espontáneo de los niños, ya que es aquí donde el niño se expresa de manera natural sin ser consciente de los errores que comete. En definitiva nuestro objetivo es que el niño aprenda a articular los sonidos correctamente.


ROCÍO PLAZA RODRÍGUEZ
Logopeda Colegio Villalkor

lunes, 20 de febrero de 2017

Creer para poder hacer

Dentro de la educación emocional hay una parte que habla de la Autoestima, esa gran capacidad que incluso a los adultos les cuesta adquirir. Estamos demasiado acostumbrados a considerarnos menos que los demás, y si nos consideramos más tampoco eso nos hace sentir bien.
Enseñar a los niños a quererse a sí mismos es el comienzo de la educación emocional y, por supuesto, de la adquisición de una buena autoestima.
Pensamos que lo que nos decimos no tiene importancia pero no es así. Nuestro cerebro aprende de lo que le decimos, por eso es importantísimo decirnos frases positivas y poderosas que le enseñen a creer en sí mismo.
Por eso os dejo un vídeo muy emotivo de cómo un papá ayuda a su hija pequeña a decirse frases de empoderamiento y aumento de la autoestima, no desde la comparación con otras personas si no desde el crecimiento personal.



viernes, 20 de enero de 2017

Tengo dos casas... ¿cómo ayudar a nuestros hijos ante el divorcio de sus papás?

Afrontémoslo con sinceridad, los matrimonios de hoy no son como los de antes. Y esto necesariamente no tiene por qué ser malo, simplemente hay que afrontarlo como el cambio de escenario que es.

Nuestros mayores dicen cosas como: "es que ya no aguantáis como antes", "no sé qué os pasa a los jóvenes que no duráis nada"...

La verdad es que al margen de que puedan tener razón o no, la realidad es que ha habido tantos cambios sociales, culturales y de roles en los últimos tiempos que es muy difícil poder responderles con algún argumento que entiendan.

Y aquí estamos, ante esta realidad que no ha de ser mejor o peor pero que, indiscutiblemente, hemos de saber abordar cuando tenemos hijos que con total seguridad acusarán con más o menos estrés una situación para ellos desconocida, incomprensible y nueva.

La responsabilidad que tenemos como padres no se acaba con la ruptura en la pareja, y por eso hemos de seguir cubriendo sus necesidades al margen de nuestros problemas personales.

Nuestros hijos están en medio de nuestra ruptura, y ellos pagan en ocasiones los platos rotos.
Nosotros como adultos tenemos derecho a elegir con quién queremos estar a nivel de pareja, y si nuestra relación se rompe no sirve de nada dramatizar puesto que nuestros hijos no entenderán entonces por qué tomamos esta decisión.

Por eso, hay que apoyarles, ayudarles a entender la situación siempre desde una comunicación positiva, sincera y honesta. Enseñarles desde el principio cómo son las cosas, les ayudará a madurar emocionalmente de un modo saludable.

Algunas pautas que podemos seguir en el caso de que nos veamos en la situación pueden ser algunas como estas:

  • Tú eres la persona que más puede ayudarles, ellos necesitan a su madre y a su padre (a ambos) y esta ha de ser la primera premisa. Aunque mi cabeza esté en otro lugar, organizando mi "nueva vida", he de sacar tiempo para ellos y así asegurar su bienestar personal.
  • Demuéstrales que no te has ido, ni física ni emocionalmente, haz que se sientan queridos, arropados y escuchados. 
  • Explícales con palabras claras, directas y honestas la situación. Y si has de decir que lo estás pasando mal, no lo ocultes, ellos siempre se van a dar cuenta. Expresa tus sentimientos de manera clara y directa. 
  • No los compadezcas porque eso probablemente lo que consiga es transmitir una sensación de inestabilidad que no les favorezca en absoluto. Al contrario, indícales que ellos no son los responsables de la situación, que es un tema vuestro y que no queréis hacerles daño, pero que las cosas cambiarán y estáis ahí para escucharles y atenderles. 
  • Intenta observarles sin sacar conclusiones precipitadas de su comportamiento. Tampoco es bueno que todo lo atribuyas a la situación, pero sí hay que estar pendiente y si hay dudas de su bienestar emocional, hablar con ellos, apórtales estabilidad y apoyo constante. 
  • Evita los cambios innecesarios y mantén las rutinas, dentro de lo posible. No olvides que su vida no debe cambiar significativamente, y el sacrificio hemos de hacerlo los adultos y no los niños. 
  • Intenta comunicarte con tu pareja de manera asertiva, positiva y abierta. Ambos tendréis intereses que defender, pero no hay ninguna razón por la que romper una historia, un pasado y un futuro por unas cuantas "cosas materiales". Al final lo que prevalece y sigue siendo parte de ambos son los hijos, pensad en ellos.
  • Intenta que sigan teniendo relación con sus abuelos, ambos, también con los de tu ex-pareja. Piensa que esa es la familia que ambos, en determinado momento, decidisteis darles. Que las cosas hayan ido mal entre vosotros no significa que tengan que ir mal también para el resto de los miembros de la familia. 
  • Cuidaos todo lo posible, cuanta más relajación y bienestar se respire, mejor estarán ellos también. Cuanto mejor esté tu ex-pareja, también ellos estarán mejor. 
  • No te hagas la víctima, una ruptura siempre es cosa de dos. No busques culpables, ni justificaciones a la situación. Es un hecho, afróntalo. 
También, y si los niños son muy pequeños, podéis apoyaros en algunos cuentos, os dejo varios enlaces para que podáis acudir a ellos si os hacen falta. 





sábado, 14 de enero de 2017

Iguales a nuestros hijos


A veces las presiones diarias nos obligan a hacer cosas que no resultan muy gratificantes, quizás incluso nos hacen pasar los días como si fueran simples hojas en un calendario, sin disfrutar de las pequeñas cosas.

Los niños generalmente no tienen ese problema, suelen disfrutar cada instante porque el tiempo carece de significado para ellos, y somos los adultos los que poco a poco vamos "instruyendo"  a nuestros niños en la obligación y la responsabilidad, sin darnos cuenta de que, en ocasiones, olvidamos que son niños y han de comportarse como tales. Queremos que mañana sean hombres y mujeres de provecho, y eso lleva asociado un esfuerzo que no es divertido casi nunca... ¿o si?, ¿podría llegar a ser divertido?, ¿por qué no?

¿Y si, en lugar de querer que nuestros hijos se parezcan a nosotros, nos parecemos nosotros un poco más a ellos?, ¿por qué no comenzar a disfrutar instantes de placer en cada paso que damos?, ¿por qué no ser iguales a nuestros hijos?

Os dejamos este corto con la idea de que pensemos en hacer feliz cada instante que podamos incluso en las obligaciones. No hay ninguna razón para hacer aburrido lo que tenemos que hacer, no hay que olvidar que nuestro cerebro necesita emocionarse para aprender y continuamente estamos aprendiendo.


Alike short film from psl on Vimeo.

sábado, 7 de enero de 2017

La Estimulación del Lenguaje en la Etapa Infantil

En el siguiente artículo vamos a desarrollar cuatro puntos clave relacionados con la estimulación en el lenguaje. Estos puntos son: la importancia que tiene la estimulación en el lenguaje, las consecuencias o repercusiones de la falta de esta en los niños, algunas actividades a trabajar con los niños para mejorar su lenguaje y unos consejos o pautas a tener en cuenta para ayudar a mejorar el desarrollo lingüístico de los niños.

Antes de comenzar a exponer los aspectos citados anteriormente, es necesario hacer una pequeña explicación de lo que es la estimulación, para conocer la idea y tener un conocimiento de dónde partimos y hacia dónde queremos llegar. También hay que dar una pequeña definición de lenguaje.

La estimulación es la actividad que se le concede a los seres vivos para un buen desarrollo o funcionamiento. Se observa por medio de estímulos. Se realiza mediante una serie de ejercicios y juegos con la intención de proporcionar una serie de estímulos repetitivos, de manera que se potencien las funciones cerebrales. La estimulación del lenguaje en la etapa infantil es muy importante, puesto que les permitirá a los niños realizar un aprendizaje escolar adecuado, sobre el que se fundamentarán todos los conocimientos posteriores. Además, las conexiones neuronales del lenguaje dependen de la cantidad de estimulación que reciba el niño.


El lenguaje es una característica propia del ser humano y a través de él las personas expresan sus sentimientos, emociones e ideas. Todas las estructuras nerviosas inician su proceso evolutivo desde el nacimiento y tienen gran desarrollo entre los 2 y 5 años. El desarrollo del lenguaje requiere de procesos de madurez neurológica, fisiológica y perceptiva, sin embargo el entorno inmediato que rodea al niño será el detonante de dicha habilidad. El lenguaje son todas las ideas para darnos a entender y comprender lo que otros dicen. A partir de aquí, cualquier alteración en este proceso provocaría una patología del lenguaje y repercusiones en el ámbito emocional, personal y social.

Un niño que crece en un ambiente estimulante y con vínculos socio-afectivos tendrá mayores posibilidades de desarrollar habilidades lingüísticas y comunicativas apropiadas. La familia y la escuela son agentes socializadores determinantes para la estimulación y fortalecimiento del lenguaje de nuestros niños y se requiere de su participación activa. Cuando no existe relación ni comunicación entre un niño y los adultos, el desarrollo de las capacidades comunicativas se detiene, por lo que es necesario, además de las facultades biológicas para el habla, contar con un medio social apropiado.

Por esto es necesario que los padres adopten algunas pautas para ayudar a estimular y facilitar el desarrollo óptimo del lenguaje verbal de su hijo, asegurando un proceso de adaptación y ajuste al medio.

  • Es importante estimular el lenguaje porque:
  • Es una herramienta para pensar.
  • Ayuda al desarrollo de la inteligencia.
  • Desarrolla nuestra capacidad de análisis.
  • Facilita la comprensión y resolución de problemas.
  • Ayuda a entender las emociones.
  • Es un instrumento fundamental para las relaciones sociales, y por tanto para el desarrollo social y afectivo.
  • Está ligado al desarrollo cognitivo.

Cuando esto no se logra, debido a causas de sobreprotección, la falta de estimulación, daños emocionales o falta de maduración cerebral, entre otras, el niño presentará un desarrollo del lenguaje no adecuado. Se ven características observables como poco vocabulario, habla incomprensible, la no pronunciación de ciertas letras, la ausencia de estructuras claras en oraciones, etc.

Para estimular el lenguaje en los niños es importante que ellos estén motivados y que interactúen con otras personas. Desde los primeros meses de vida los padres deben estimular a los niños por medio de estímulos como las sonrisas, ruidos que a los niños les gusten, y motivarlos a producir con su propia lengua y labios, vocalizaciones e imitación de sonidos producidos por los adultos y las cosas que los rodean.

A través del juego se puede realizar la estimulación del lenguaje en los niños, ya que el juego y el lenguaje van unidos de la mano, pues cada vez que los niños están jugando reproducen sonidos y se habla constantemente. Cuando los niños ya tienen un poco de su lenguaje desarrollado comienzan a jugar con el lenguaje, por ejemplo deforman los sonidos, hablan con los labios juntos o con la boca abierta, dicen palabras al revés, etc., todo ello está aportando a la estimulación y la adquisición del lenguaje oral.

Al realizarse actividades ligadas de forma directa con la expresión oral (narraciones, dramatizaciones, juegos de rol, juegos de palabras, adivinanzas, canciones, poesías, etc.), se estimula directamente el lenguaje de los niños.

Algunas de las actividades que se pueden realizar con los niños con la meta de llevar a cabo la estimulación del lenguaje son:

  • Cuando el niño esté jugando con algún muñeco, puede nombrarle cada parte del cuerpo del muñeco, señalarla y tocarla. Después le nombraremos una parte del cuerpo y el niño debe señalarla y tocarla en su propio cuerpo. También nos señalamos y tocamos nosotros una parte determinada y debe ser el niño quien diga el nombre de esa parte.
  • Muéstrele al niño varios objetos con diferentes colores y pídale por ejemplo que le dé “el plátano amarillo”, “el coche rojo”. Después se le suprime una parte, o el color o el nombre del objeto, y finalmente será el niño quien haga las peticiones al adulto.
  • Léale un cuento que tenga dibujos vistosos, luego se le pide que mencione a los personajes y que explique qué hacen en los dibujos. Después de leer el cuento pídale al niño que invente un título, o el final del cuento.
  • Emplear juegos y canciones para estimular el reconocimiento de sonidos.
  • Jugar a nombrar vocabulario según diversas categorías: partes del cuerpo, prendas de vestir, animales domésticos, frutas, medios de transporte, etc.
  • Realizar preguntas como ¿para qué sirve un…………. (objeto)? ¿dime una cosa que sirva para…….(utilidad)?
  • Jugar a preguntar: efecto-causa y causa-efecto sobre acciones cotidianas (ejemplos: ¿por qué se enciende la luz? ¿por qué se llama a la ambulancia? ¿qué pasaría o qué tienes que hacer si te cortas? ¿qué pasaría o tienes que hacer si hay fuego en casa?).
  • Además los adultos tenemos que conocer algunas pautas o consejos a la hora de estimular el lenguaje en los niños:
  • Es importante respetar el ritmo personal del niño cuando se expresa. Cada niño sigue su propio ritmo, nos puede servir de orientación, pero no son reglas fijas.
  • No interrumpir al niño cuando este contando algo.
  • No anticiparse a las respuestas aunque el niño tarde en darlas, es decir, hay que estimular pero respetando sus tiempos.
  • Si el niño comete errores en su lenguaje, no se ría, estimúlelo repitiendo constantemente la expresión. También se puede utilizar el método de corrección indirecta de las palabras del niño, respondiéndole frecuentemente, repitiendo sus frases, corrigiendo las palabras mal dichas y añadiendo las que no dice, pero siempre después de que él haya acabado de hablar.
  • Utilizar un lenguaje claro y adulto, evitando los diminutivos y el lenguaje infantilizado.
  • Acostumbrar al niño para que aprenda a escuchar y que él también sea escuchado. A mirar a los ojos de la persona que habla, a no interrumpir a los demás hasta que no hayan acabado su discurso.
  • Cuidar el lenguaje, los niños aprenden por imitación, aprenden a hablar y a expresarse imitando a las personas cercanas que escuchan.
  • Hablar despacio, con entonación, utilizar expresiones y palabras para que los pequeños las aprendan.
  • Hablar al niño de frente, despacio para que vea los movimientos de la boca.

En definitiva lo que se pretende es que el niño sea estimulado lo antes posible para que su desarrollo lingüístico no se vea afectado. Con la labor conjunta de todos será más fácil conseguir una buena expresión oral en el niño.


Este artículo ha sido escrito por: 
ROCÍO PLAZA RODRÍGUEZ (Logopeda)

lunes, 2 de enero de 2017

Las emociones en la escuela... aprender a gestionarla

¡Feliz Año familias!

Espero que estéis teniendo unas vacaciones estupendas, deseo que el próximo año 2017 sea magnífico para todos vosotros y vuestras familias.

Como regalito de Reyes os dejo este vídeo que nos muestra la importancia de las emociones en la educación, en el aula, en la familia. La importancia de gestionarlas y aprenderlas cuanto antes.

Espero que lo disfrutéis. ¡Nos vemos a la vuelta!


miércoles, 21 de diciembre de 2016

En estas Navidades no nos olvidemos de lo importante

Parece que fue ayer cuando iniciamos el nuevo curso y ya nos encontramos preparando la Navidad , por fin llegan las deseadas vacaciones navideñas, tiempo para descansar, disfrutar, y sobre todo para pasar tiempo con los nuestros.

Desde el Departamento de Orientación no queremos dejar pasar la oportunidad de desearos una Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

Durante el día a día, a veces, no tenemos tiempo de disfrutar de nuestros pequeños, de hacer cosas juntos sin prisas, sin horarios, sin agenda.

Deseamos de todo corazón que estas navidades sean especiales y a la vez diferentes intentando pasar más tiempo con vuestros hijos, fomentando la comunicación y el tiempo en familia, realizando actividades conjuntamente, más allá de los meros juguetes como medio de diversión.

Es importante que a edades tempranas potenciemos el buen hábito de hablar, compartir, y escuchar a nuestros hijos, si empezamos a trabajarlo a estas edades  vamos a ir construyendo un entorno de confianza y diálogo con los niños, que sin duda alguna, será esencial para su desarrollo posterior tanto a nivel emocional como cognitivo.

Los adultos somos modelos para los más pequeños, somos referenciales en el modo de actuar e incluso de pensar, de ahí la importancia que tiene a nivel psicológico el propiciar un buen clima familiar a nuestros hijos, basado en una comunicación sana y abierta. Donde predomine la expresión de sentimientos, así iremos construyendo nuestra autoestima y autoconcepto para desarrollarnos como individuos plenos en una sociedad cada más compleja y cambiante.

Y es en ese sentido que hemos de pensar en lo que realmente importa, ya que estas fechas nos arrastran en ocasiones a añadir más estrés, menos tiempo o peor tiempo, queremos haceros conscientes de la importancia del tiempo (del valor del tiempo). De cómo gastamos ese tiempo y qué hacemos quedará en el recuerdo de nuestros hijos e hijas mucho más permanente que cualquier juguete que puedan desear.

Con esa filosofía os compartimos un vídeo en el que se pone de manifiesto lo que nos pasa cuando nos vemos ante la tesitura de decidir de manera urgente qué regalaríamos a nuestros seres queridos... interesante reflexión... esperamos que sirva para no olvidarnos de regalar aunque no sea Navidad.


Este experimento nos demostró que si cambiamos la pregunta nos hace relativizar lo material frente a lo emocional y humano. Tenemos la oportunidad de reflexionar y decidir qué hacer con nuestro tiempo. Como ya sabemos, el mayor regalo para nuestros hijos somos nosotros, no esperemos más para disfrutar y regalarnos actividades en familia. 

¡Felices Fiestas! 


miércoles, 16 de noviembre de 2016

No quiero crecer

Aunque a veces nos quejemos de que no  existe un manual para  educar a nuestros hijos yo suelo decir que ellos son el manual.  Ya que si  observamos bien ellos van mostrando sus necesidades y es en la relación con ellos donde vamos creciendo como padres.  Lo natural es que a los niños les guste crecer y les guste conquistar nuevas habilidades. Cuando están creciendo suelen ser ellos los que insisten en que les soltemos la mano para caminar solos, incluso se enfadan si le empujas el “tacatá”.

En ocasiones alguno se queda fijado en una etapa sin querer avanzar a la siguiente. Esto puede deberse a múltiples factores pero vamos a ver algunos de ellos, sobre todo los que podemos evitar para prevenir que esto ocurra.

Algunas veces las causas por las que uno no quiere crecer son pasajeras: miedos, celos.

Por lo general los niños suelen estar orientados en el siguiente paso, todos se apuntan  a ser más altos, a ser mayores para poder conducir etc.  Viven el hacerse mayores como una ganancia. Desde su nacimiento van descubriendo nuevas habilidades y eso les gusta, de repente pueden desplazarse, gatean,  luego andan, corren. Crecer es una aventura interesante,

¡Mira papá!...¡mira mamá!...Los niños están constantemente pidiendo que los observemos, quieren compartir sus cosas con nosotros para que les demostremos que son  importantes, la paternidad atenta les ayuda a crecer sintiéndose valiosos y el pedirles responsabilidades les ayuda a conquistar su autonomía, con lo que crecerán sintiéndose capaces.

Cuando un niño no quiere crecer es posible que no se sienta preparado, y sienta miedo. En ocasiones puede deberse a que  lo hayamos  sobreprotegido.  Si sobreprotegemos a nuestros hijos los debilitamos. Les privamos del espacio o la experiencia para  desarrollar sus habilidades y conquistar su autonomía, lo que les lleva a  no sentirse seguros.  Los niños miedosos suelen ser asustadizos fuera del hogar y en ocasiones en el hogar se muestran agresivos ya que tener miedo no es agradable. Aquí conviene recordar que “es mejor enseñar a pescar que dar peces”.

En otras ocasiones no quieren perder lo que tenían y vuelven la vista atrás por ejemplo ante el nacimiento de un hermano.  Es posible que ambos sientan celos el uno del otro pero el pequeño no tardará en correr para alcanzar al mayor, el problema es cuando el mayor querría ser más niño. En estos casos conviene alabar mucho al mayor, celebrar cada reto conseguido en cuanto a su desarrollo y maduración. Debemos estimularlos siempre hacia adelante.  Por ejemplo podemos decirles frases como: “¡qué bien, qué mayor eres, me siento muy orgulloso/a de ti por…”

Nunca ha existido una generación de padres tan preparados, hoy existen conferencias, manuales de autoayuda y libros de todo tipo, pero a su vez, hoy sobreprotegemos demasiado como lo indican el aumento del denominado “complejo de Peter Pan” (Adultos que no quieren crecer, no quieren aceptar las responsabilidades) y el que la emancipación de casa  se haga tan tarde.  A medida que vamos creciendo puede ser que crecer  se vuelva un poco más difícil. Seguir comportándose como un niño tiene ciertas ventajas como  eludir las responsabilidades y por ello, este proceso requiere de implicación y responsabilidad.

Solo si hemos convertido la infancia en un paraíso como el “país de nunca jamás” será difícil renunciar.  Es bueno que entrenemos a nuestros hijos en la responsabilidad.

A veces sobrepotegemos después de decir  algo como: “ yo lo que quiero es que sean felices”. Sin darnos cuenta que al proteger puede que no estemos atendiendo sus necesidades si no estemos protegiéndonos de  nuestros miedos  y nuestras angustias.

Educar es ayudarles a alcanzar la capacidad para ser independientes, valerse por sí mismos y que hagan buen uso de su libertad . Para ello es imprescindible  educar en la autonomía y en valores, aunque como padres nos sintamos preocupados o pensemos que “son aún pequeños”. Para nosotros, siempre serán pequeños, pero hemos de pensar que lo mejor y saludable para un hijo es que se haga mayor. 

A los niños tenemos que acompañarlos, mostrarles y permitirles descubrir las cosas por si mismos , tropezaran y  caerán;  reirán y llorarán y así es la vida. Cada edad tiene retos distintos y si se los evitamos los estamos debilitando, impidiendo que  desarrollen sus habilidades. Aprender de sus errores es sin duda también una buena forma de aprender, hemos de ser capaces de ayudarles a darse cuenta de ellos.

En definitiva, un niño feliz es aquel que se siente capaz. Y eso solo es posible conquistando cada vez más su libertad y su autonomía. Si queremos que nuestros hijos sean felices enseñémosles a ser autónomos, a manejar sus emociones, a desarrollar “resiliencia”, que sean capaces de entusiasmarse y perseverar en sus proyectos. Todos tenemos sueños, pero solo  los más valientes los persiguen y solo lo más perseverantes los alcanzan. 

jueves, 20 de octubre de 2016

Niños autónomos, niños felices

Cada vez escucho más que a los padres nos cuesta más dar autonomía a nuestros niños, con la mejor voluntad les protegemos, les hacemos las cosas, pensamos que son muy pequeños al principio pero van creciendo y siguen siendo muy pequeños hasta... ¿cuándo? 

Fotografía de Max Gonrachov
Y a la vez que les protegemos queremos que tengan autonomía, que sean cada vez "más mayores". ¿No suena un poco contradictorio? Nuestros hijos, aunque no lo creamos, tienen mucha capacidad incluso desde muy pequeños, y es nuestro cometido dejarles avanzar, tropezarse, equivocarse y volver a intentar hacer las cosas. Solo así aprendemos, viendo cómo se hacen las cosas y haciéndolas después. 

Como padres nos cuesta, a veces, verles frustrarse y "fallar", pero es justo eso lo que les permite resistir y crecer con una alta autoestima y "resiliencia". 

¿Qué es la resiliencia? Imaginemos una esponja que apretamos para escurrir hasta la última gota de agua, después abrimos la mano y ¿qué pasa?, que la esponja vuelve a su forma y tamaño anterior. Eso es la resiliencia, la capacidad que tenemos los seres humanos para levantarnos después de un tropezón, la capacidad para aprender y seguir avanzando aún después de una mala racha. Y es ésta la que permite alcanzar mayor felicidad en nuestras vidas. Por eso es importante dejar a nuestros niños enfrentarse a los retos que cada día la vida les pone delante. 

Nuestro papel ha de ser el acompañarles sin hacérselo, de aconsejarles sin limitarles, de confiar en ellos. Proyectar sobre ellos una imagen de confianza les ayuda a sentirse respaldados y seguros. 

Hace varios años que la pedagoga María Montessori nos advertía de la importancia que tenía dejar a los niños experimentar y aprender manipulando objetos. Os dejo una tabla inspirada en su metodología y que creo que puede ser de mucha ayuda para que comencemos nuestro reto como padres de dejarles crecer. 

Extraído de Bebésymás




martes, 13 de septiembre de 2016

De nuevo ¡bienvenidos a este curso!

Parece que fue ayer cuando nos despedíamos con muy buenos deseos para el verano. Con muchas ganas, por otra parte, de descansar y retomar fuerzas para el siguiente curso.

Y de repente, ¡ya está aquí ese nuevo curso! Y la verdad, ha llegado cargado de nuevas esperanzas, mucha fuerza y, sobre todo, mucha ilusión.

Desde el Departamento de Orientación queremos daros la bienvenida a todas y todos pensando en que este nuevo curso sea, al menos, tan bueno como los anteriores.

Para abrir boca, os dejamos el último vídeo de Ikea, que nos viene como anillo al dedo ahora que estamos arrancando curso :-)


lunes, 30 de mayo de 2016

De la escuela de familias me llevo...

Os enlazo este muro para que todos podamos participar dejando nuestra opinión. Para dejar tu comentario solo tienes que pinchar en cualquier sitio del muro y escribir... Recordad que también podéis adjuntar vídeos, fotos... Os espero!
    

martes, 17 de mayo de 2016

¿Y tú qué harías con una caja de cartón?

Una de las potencialidades más interesantes del ser humano es la creatividad. Con ella hemos construido prácticamente todo lo que tenemos alrededor, y es casi única en nuestra especie. No es que el resto de animales no tengan creatividad, pero en el ser humano ésta es muy superior y nos ha llevado a evolucionar de un modo asombroso.

Por eso, en ocasiones me pregunto si los niños tienen espacio y tiempo para desarrollar al máximo dicha capacidad que, desde que nacemos, nos viene dada.

Así que propongo un ejercicio:

  1. En primer lugar piensa por un momento qué usos darías a una caja de cartón.
  2. Escríbelo en una hoja de papel.
  3. Cuenta cuántos usos te han salido. ¿Han sido cinco usos? ¿de cinco a diez? ¿más de diez?
  4. Compáralo con el siguiente vídeo. 

¿Qué opinais? ¿sois tan creativos como para crear las Aventuras de la Caja de Cartón?
¿Y nuestros hijos? ¿cuánto de creativo tienen?, y lo más importante, ¿cuánto tiempo y espacio les dejamos dedicar a la tarea de inventar, soñar e imaginar?
... espero que mucho... :-)




miércoles, 4 de mayo de 2016

La importancia de la comunicación positiva

Ya hemos hablado en algunas ocasiones, en este blog, de la comunicación positiva con los hijos. La verdad es que no quiero dejar de dar importancia a este tema porque además, cada día leo más cosas sobre este tema.

Parece ser que la comunicación positiva no sólo mejora las relaciones con el resto de personas, y en concreto nuestros hijos e hijas, si no que además prolonga nuestra vida y nos hace superar muchos obstáculos.

El lenguaje humano es de enorme complejidad, podemos decir que la evolución del ser humano se debe en gran parte a que tomáramos la postura de caminar erguidos y poder usar las manos. Pero también, y quizás tan importante como ese hito evolutivo, hemos evolucionado hasta el punto en el que estamos gracias al lenguaje. A través del lenguaje no sólo nos expresamos, si no que pensamos y creamos.

En la actualidad, y concretamente desde el avance de la neurociencia, estamos pudiendo identificar lo que pasa en nuestro cerebro con las palabras, sabemos qué áreas se activan según qué palabras, y existe evidencia científica de que el lenguaje positivo, y palabras como "alegre, meta o ímpetu" inciden directamente sobre nuestra salud ejerciendo una barrera protectora en nuestro cerebro, que es absolutamente plástico.
Así lo enuncia Luis Castellanos, autor del libro "La ciencia del lenguaje positivo", en un artículo que os enlazo a continuación:

Artículo: El lenguaje puede salvar tu vida. El lenguaje puede salvar tu vida.

Espero que disfrutéis del artículo y aprendáis mucho... y ya sabéis, merece la pena transformar nuestro lenguaje y utilizar palabras positivas, para nosotros y para nuestros hijos, aunque esto en ocasiones requiere mucho esfuerzo, puesto que no sólo está en juego nuestras relaciones si no también nuestra salud.

jueves, 17 de marzo de 2016

Felices vacaciones

Llegamos al comienzo de estas nuevas vacaciones de Semana Santa con gran esfuerzo, nuestro y de nuestros hijos e hijas. Pero aquí estamos para disfrutar de nuestro merecido descanso.

Quería desearos muy felices vacaciones y recordaros que no está mal un poquito de baile.
Porque aunque queramos que nuestros niños y niñas lleguen lejos en la vida, a veces necesitan coger un poco de impulso en el juego, en la imaginación, en la creatividad, etc. para conseguir llegar.
Y nosotros, padres, madres, somos el principal motor para su recorrido y  no debemos menospreciar el valor del juego, de los sueños y de la fantasía.

Así que, os deseo muy felices vacaciones y que os atreváis a bailar :-)


jueves, 3 de marzo de 2016

¡Sí, tú puedes!

Vamos a dedicar esta entrada para hablar de magia... sí, de magia. La magia de educar en la motivación, la autoestima y la seguridad en uno mismo.
¿Sabíais que el lenguaje que utilizamos con nuestros hijos condiciona su carácter y su capacidad para sentir que pueden o no hacer las cosas?
Parece cosa de magia, pero en realidad no lo es. Incluso, aunque no digamos a nuestros hijos que no pueden, si nosotros estamos convencidos de ello, proyectaremos esa idea. Esto se debe a nuestras neuronas espejo, que tienen el cometido de identificar aquellas cosas que vemos y que sentimos para hacerlas propias.

Hace cincuenta años, el psicólogo Rosenthal hizo un experimento muy curioso. Les dio a sus alumnos unas ratas para que las entrenaran con el fin de que encontrasen comida en un laberinto. A un grupo de alumnos les dijo que su grupo de ratas era una especie modificada que aprendían con mucha rapidez, y al otro grupo de alumnos les dijo que sus ratas pertenecían a una especie muy torpe. En realidad todas las ratas eran iguales. El resultado fue sorprendente, se comprobó que las falsas ratas sabias aprendieron con mayor "rapidez" que las falsas ratas "tontas". Los alumnos que habían entrenado las ratas "sabias" sin querer habían estado educando  con más intensidad y eficacia que los otros.

Después decidió averiguar si en la escuela pasaba lo mismo. Falseó los resultados académicos y los test de inteligencia de un grupo de alumnos "mediocres" y se los dio a sus nuevos profesores, diciéndoles que eran chicos sobresalientes. Ocho meses después les pasó los test a estos alumnos y descubrió que habían mejorado espectacularmente.

Lo curioso es que ni los alumnos con las ratas, ni los profesores con sus alumnos, eran conscientes de haber estado haciendo algo de manera diferente. Lo llamó "Efecto Pigmalión".

Así que esta es la magia de la que os quiero hablar. Las creencias y expectativas que volcamos sobre nuestros hijos e hijas obran en ellos para que cumplan o no esas expectativas, es lo que llamamos "Profecía autocumplida". Si creemos que nuestro hijo será capaz de subir por la escalera sin caerse y sin sujetarse, probablemente lo hará aunque siempre habrá riesgo de que se caiga. Sin embargo, si creemos que nuestro hijo  se caerá, aumentaremos las probabilidades de que se caiga. Si creemos que nuestros hijos aprenderán mucho, se enfrentarán a dificultades y las superarán, se relacionarán con sus iguales de modo eficaz, etc., es muy probable que alcancen dichas metas o se aproximen mucho a ellas.

Sin embargo, y esto es mucho más importante, si creemos que no serán capaces de hacer determinadas cosas estaremos proyectando sobre ellos esa creencia y probablemente ellos cumplan con nuestras expectativas, se convertirán en eso que nosotros creemos, enunciamos y sentimos.

Por lo tanto es imprescindible que la frase que exista siempre en nuestra cabeza y seamos capaces de enunciar sea: "Sí, tú puedes", porque será la única manera de que ellos sientan motivación hacia el logro, empoderamiento y aprendizaje.

Cuando nuestro hijo nos diga: "papá, mamá, no puedo", deberíamos siempre recordarlos que ellos pueden, pero que nosotros estamos ahí para apoyarlos y siempre pueden pedirnos ayuda hasta que consigan hacerlo por ellos mismos, cosa que sucederá seguro.

Es importante enunciar en términos positivos todo lo que les digamos a nuestros hijos, sobre todo si queremos que ellos se enfrenten con mentalidad y actitud positiva a la tarea que se propongan. Pensemos que nuestros niños son pequeños ahora, pero crecerán, y todo lo que hagamos para que ese crecimiento sea saludable contribuirá a que puedan ser personas adultas que saben superar los obstáculos y mejorar día a día.

Así que hagamos magia, enseñémosles a nuestros niños y niñas que su futuro depende de ellos, aunque nosotros siempre estemos ahí para apoyarles.

Os dejo un extracto de la película "En busca de la felicidad" que seguramente hayáis visto alguna vez aunque merece la pena reflexionar sobre él.


martes, 9 de febrero de 2016

El estrés infantil, prevención, detección e intervención

En los tiempos que vivimos es más que frecuente escuchar la frase "estoy estresado", o "¡qué estrés!", o "¿yo estresado?" 

En cualquiera de esas expresiones subyace el sentimiento de no poder abarcar todo lo que tenemos por delante, es decir, no ser capaz de dar una respuesta adecuada a las exigencias de la vida. Sin embargo, generalmente es algo que nos atribuimos y podemos identificar en nosotros mismos, pero no en nuestros niños y niñas, ¿por qué? 

Los niños también pueden sentir esa sensación de no llegar a abarcar todas las exigencias de su vida, o de no ser capaz de dar la respuesta adecuada, y eso conlleva una serie de manifestaciones que pueden variar entre puramente físicas a trastornos de otra índole donde el niño sienta incomodidad pero no sepa explicarlo. 

Antes de nada vamos a delimitar qué es exactamente el estrés y cuáles son sus manifestaciones más claras.

En primer lugar hemos de decir que la respuesta de estrés es una respuesta adaptativa de nuestro organismo. Ser capaces de activarse ante las presiones de nuestra vida es bueno y nos permite pensar, decidir y ejecutar determinadas decisiones. Sin embargo, cuando las respuesta de estrés se mantiene en el tiempo y exige de nosotros demasiada activación podemos sentir desbordamiento, sensación de malestar y, en ocasiones, complicaciones físicas.

El estrés continuado en el tiempo debilita nuestro sistema inmunitario y puede hacernos más vulnerables a determinadas enfermedades. Es importante por tanto aprender a identificar la situación de estrés, a resolver de manera eficaz y no tener que llegar a males mayores. 

La respuesta de estrés por tanto pasa por varias fases: 

  1. Alarma o activación: cuando nuestro cuerpo detecta que hay que activarse para responder a una demanda de nuestro ambiente. 
  2. Resistencia: mantenemos el nivel de activación para seguir dando respuesta a las demandas ambientales. 
  3. Agotamiento: cuando la activación se mantiene demasiado tiempo y percibimos que ya no sabemos dar respuesta. Es en esta fase en la que sobrevienen enfermedades, ataques de ansiedad o falta de claridad. Es también esta fase la que solemos asociar con el estrés. 
Cuando sobreviene la fase de agotamiento, solemos adolecer de varios síntomas que van en perjuicio de nuestra salud tanto física como mental. Es por tanto imprescindible actuar mucho antes de que sobrevenga dicha fase, y prevenir con herramientas de control de la situación de agotamiento. 

¿Y cómo se manifiesta en los niños? Los niños pueden sufrir estrés por muy diversos motivos: separarse de sus padres, evitar ir con personas desconocidas, el nacimiento de un hermano, el divorcio de los padres, cambios significativos en sus vidas. 

Evidentemente, los niños y las niñas también sufrirán la respuesta de activación para hacer frente a la situación demandada, pero la idea es conseguir darles herramientas para manejar dichas situaciones y así prevenir que se desencadene un nivel más elevado o que pase a la fase de agotamiento puesto que esta fase es la más complicada de manejar. 

A modo de prevención es bueno que los niños identifiquen señales de su propio cuerpo. 
  • Cuando me enfado, me pongo de color rojo (muy nervioso, no atiendo a razones...), todos mis músculos se ponen en tensión, y por eso no puedo pensar con claridad. Resulta muy interesante la canción de "Despacio yo me tranquilizo", de César García-Rincón y que os enlazo a continuación: 



  • Con este tipo de recursos les estamos enseñando a poner nombre a sus sensaciones cuando les suceden situaciones que no saben manejar. Podemos ampliar con las técnicas de relajación y respiración para niños que hay también en este blog. 
  • También es importante acostumbrarnos a charlar con ellos, hablarles y escucharles como parte de un proceso de entrenamiento y a través del cual podemos irles ayudando a expresar sus propias sensaciones. La escucha y la comunicación probablemente sea uno de los recursos más útiles en la prevención de situaciones de estrés en nuestros hijos e hijas. 
  • Enseñémosles con el ejemplo, si nosotros abordamos las situaciones con descontrol emocional y sin capacidades para manejar lo que nos vaya sucediendo, es más probable que nuestros hijos aprendan a abordar también así sus propias situaciones a lo largo de su vida. 
  • Acostumbrémosles a realizar ejercicio físico: ayuda a quemar sentimientos estresantes y activa las endorfinas, con lo que proveemos de una grata sensación de libertad y relajación. 
Si aún así, percibimos cualquier síntoma en nuestros hijos e hijas de poder estar bajo una fase de agotamiento por estrés, la recomendación fundamental y antes de nada es hablar con un profesional del tema que pueda dar herramientas y recursos para poder trabajar. Aunque no olvidemos que para llegar a esa situación, primero hay que pasar por varias fases previas, es ahí donde nosotros (madres y padres) hemos de estar a su lado para ayudarles a identificar y abordar de manera saludable.