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martes, 9 de febrero de 2016

El estrés infantil, prevención, detección e intervención

En los tiempos que vivimos es más que frecuente escuchar la frase "estoy estresado", o "¡qué estrés!", o "¿yo estresado?" 

En cualquiera de esas expresiones subyace el sentimiento de no poder abarcar todo lo que tenemos por delante, es decir, no ser capaz de dar una respuesta adecuada a las exigencias de la vida. Sin embargo, generalmente es algo que nos atribuimos y podemos identificar en nosotros mismos, pero no en nuestros niños y niñas, ¿por qué? 

Los niños también pueden sentir esa sensación de no llegar a abarcar todas las exigencias de su vida, o de no ser capaz de dar la respuesta adecuada, y eso conlleva una serie de manifestaciones que pueden variar entre puramente físicas a trastornos de otra índole donde el niño sienta incomodidad pero no sepa explicarlo. 

Antes de nada vamos a delimitar qué es exactamente el estrés y cuáles son sus manifestaciones más claras.

En primer lugar hemos de decir que la respuesta de estrés es una respuesta adaptativa de nuestro organismo. Ser capaces de activarse ante las presiones de nuestra vida es bueno y nos permite pensar, decidir y ejecutar determinadas decisiones. Sin embargo, cuando las respuesta de estrés se mantiene en el tiempo y exige de nosotros demasiada activación podemos sentir desbordamiento, sensación de malestar y, en ocasiones, complicaciones físicas.

El estrés continuado en el tiempo debilita nuestro sistema inmunitario y puede hacernos más vulnerables a determinadas enfermedades. Es importante por tanto aprender a identificar la situación de estrés, a resolver de manera eficaz y no tener que llegar a males mayores. 

La respuesta de estrés por tanto pasa por varias fases: 

  1. Alarma o activación: cuando nuestro cuerpo detecta que hay que activarse para responder a una demanda de nuestro ambiente. 
  2. Resistencia: mantenemos el nivel de activación para seguir dando respuesta a las demandas ambientales. 
  3. Agotamiento: cuando la activación se mantiene demasiado tiempo y percibimos que ya no sabemos dar respuesta. Es en esta fase en la que sobrevienen enfermedades, ataques de ansiedad o falta de claridad. Es también esta fase la que solemos asociar con el estrés. 
Cuando sobreviene la fase de agotamiento, solemos adolecer de varios síntomas que van en perjuicio de nuestra salud tanto física como mental. Es por tanto imprescindible actuar mucho antes de que sobrevenga dicha fase, y prevenir con herramientas de control de la situación de agotamiento. 

¿Y cómo se manifiesta en los niños? Los niños pueden sufrir estrés por muy diversos motivos: separarse de sus padres, evitar ir con personas desconocidas, el nacimiento de un hermano, el divorcio de los padres, cambios significativos en sus vidas. 

Evidentemente, los niños y las niñas también sufrirán la respuesta de activación para hacer frente a la situación demandada, pero la idea es conseguir darles herramientas para manejar dichas situaciones y así prevenir que se desencadene un nivel más elevado o que pase a la fase de agotamiento puesto que esta fase es la más complicada de manejar. 

A modo de prevención es bueno que los niños identifiquen señales de su propio cuerpo. 
  • Cuando me enfado, me pongo de color rojo (muy nervioso, no atiendo a razones...), todos mis músculos se ponen en tensión, y por eso no puedo pensar con claridad. Resulta muy interesante la canción de "Despacio yo me tranquilizo", de César García-Rincón y que os enlazo a continuación: 



  • Con este tipo de recursos les estamos enseñando a poner nombre a sus sensaciones cuando les suceden situaciones que no saben manejar. Podemos ampliar con las técnicas de relajación y respiración para niños que hay también en este blog. 
  • También es importante acostumbrarnos a charlar con ellos, hablarles y escucharles como parte de un proceso de entrenamiento y a través del cual podemos irles ayudando a expresar sus propias sensaciones. La escucha y la comunicación probablemente sea uno de los recursos más útiles en la prevención de situaciones de estrés en nuestros hijos e hijas. 
  • Enseñémosles con el ejemplo, si nosotros abordamos las situaciones con descontrol emocional y sin capacidades para manejar lo que nos vaya sucediendo, es más probable que nuestros hijos aprendan a abordar también así sus propias situaciones a lo largo de su vida. 
  • Acostumbrémosles a realizar ejercicio físico: ayuda a quemar sentimientos estresantes y activa las endorfinas, con lo que proveemos de una grata sensación de libertad y relajación. 
Si aún así, percibimos cualquier síntoma en nuestros hijos e hijas de poder estar bajo una fase de agotamiento por estrés, la recomendación fundamental y antes de nada es hablar con un profesional del tema que pueda dar herramientas y recursos para poder trabajar. Aunque no olvidemos que para llegar a esa situación, primero hay que pasar por varias fases previas, es ahí donde nosotros (madres y padres) hemos de estar a su lado para ayudarles a identificar y abordar de manera saludable. 



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