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jueves, 3 de marzo de 2016

¡Sí, tú puedes!

Vamos a dedicar esta entrada para hablar de magia... sí, de magia. La magia de educar en la motivación, la autoestima y la seguridad en uno mismo.
¿Sabíais que el lenguaje que utilizamos con nuestros hijos condiciona su carácter y su capacidad para sentir que pueden o no hacer las cosas?
Parece cosa de magia, pero en realidad no lo es. Incluso, aunque no digamos a nuestros hijos que no pueden, si nosotros estamos convencidos de ello, proyectaremos esa idea. Esto se debe a nuestras neuronas espejo, que tienen el cometido de identificar aquellas cosas que vemos y que sentimos para hacerlas propias.

Hace cincuenta años, el psicólogo Rosenthal hizo un experimento muy curioso. Les dio a sus alumnos unas ratas para que las entrenaran con el fin de que encontrasen comida en un laberinto. A un grupo de alumnos les dijo que su grupo de ratas era una especie modificada que aprendían con mucha rapidez, y al otro grupo de alumnos les dijo que sus ratas pertenecían a una especie muy torpe. En realidad todas las ratas eran iguales. El resultado fue sorprendente, se comprobó que las falsas ratas sabias aprendieron con mayor "rapidez" que las falsas ratas "tontas". Los alumnos que habían entrenado las ratas "sabias" sin querer habían estado educando  con más intensidad y eficacia que los otros.

Después decidió averiguar si en la escuela pasaba lo mismo. Falseó los resultados académicos y los test de inteligencia de un grupo de alumnos "mediocres" y se los dio a sus nuevos profesores, diciéndoles que eran chicos sobresalientes. Ocho meses después les pasó los test a estos alumnos y descubrió que habían mejorado espectacularmente.

Lo curioso es que ni los alumnos con las ratas, ni los profesores con sus alumnos, eran conscientes de haber estado haciendo algo de manera diferente. Lo llamó "Efecto Pigmalión".

Así que esta es la magia de la que os quiero hablar. Las creencias y expectativas que volcamos sobre nuestros hijos e hijas obran en ellos para que cumplan o no esas expectativas, es lo que llamamos "Profecía autocumplida". Si creemos que nuestro hijo será capaz de subir por la escalera sin caerse y sin sujetarse, probablemente lo hará aunque siempre habrá riesgo de que se caiga. Sin embargo, si creemos que nuestro hijo  se caerá, aumentaremos las probabilidades de que se caiga. Si creemos que nuestros hijos aprenderán mucho, se enfrentarán a dificultades y las superarán, se relacionarán con sus iguales de modo eficaz, etc., es muy probable que alcancen dichas metas o se aproximen mucho a ellas.

Sin embargo, y esto es mucho más importante, si creemos que no serán capaces de hacer determinadas cosas estaremos proyectando sobre ellos esa creencia y probablemente ellos cumplan con nuestras expectativas, se convertirán en eso que nosotros creemos, enunciamos y sentimos.

Por lo tanto es imprescindible que la frase que exista siempre en nuestra cabeza y seamos capaces de enunciar sea: "Sí, tú puedes", porque será la única manera de que ellos sientan motivación hacia el logro, empoderamiento y aprendizaje.

Cuando nuestro hijo nos diga: "papá, mamá, no puedo", deberíamos siempre recordarlos que ellos pueden, pero que nosotros estamos ahí para apoyarlos y siempre pueden pedirnos ayuda hasta que consigan hacerlo por ellos mismos, cosa que sucederá seguro.

Es importante enunciar en términos positivos todo lo que les digamos a nuestros hijos, sobre todo si queremos que ellos se enfrenten con mentalidad y actitud positiva a la tarea que se propongan. Pensemos que nuestros niños son pequeños ahora, pero crecerán, y todo lo que hagamos para que ese crecimiento sea saludable contribuirá a que puedan ser personas adultas que saben superar los obstáculos y mejorar día a día.

Así que hagamos magia, enseñémosles a nuestros niños y niñas que su futuro depende de ellos, aunque nosotros siempre estemos ahí para apoyarles.

Os dejo un extracto de la película "En busca de la felicidad" que seguramente hayáis visto alguna vez aunque merece la pena reflexionar sobre él.


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