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viernes, 7 de noviembre de 2014

Cuando comer se convierte en una pesadilla

¿Por qué no come un/a niño/a?

Un/a niño/a pequeño/a no sabe convencernos con sus palabras cuando quiere captar nuestra atención. Una buena forma de captar nuestro interés puede ser no comer. Entre los 2 y los 6 años la mayor parte de los/las niños/as pasan por más de un episodio de inapetencia que se resuelven de forma espontánea sin originar ningún problema. Un/a niño/a sano/a al/la que le ofrecemos regularmente una comida adecuada, no se alimenta mal, aunque tome muy poca cantidad e incluso algún día casi no coma nada. No olvidemos que habiendo comida, no va a morirse de hambre.

¿Qué hacer ante la inapetencia?

Si no come, no sirve de mucho insistir o castigarle, es mejor emplear una actitud más neutra, quitándole importancia al hecho de no comer. De la misma forma, tampoco se le debe premiar el que coma, pues le haríamos entender que cuando come nos hace un favor.

¿Cómo ayudarle a comer mejor? 


  • Propongamos un menú escrito para toda la semana. Este menú, si el/la niño/a tiene más de dos años, será el mismo que el resto de la familia. El escribirlo evitará que se hagan cambios para adaptarse más a sus gustos, en el caso de que no quiera comérselo. 
  • Comer siempre en el mismo lugar. Los/las niños/as se sienten mejor si se respetan sus rutinas. Si una vez come en la cocina, otra en el salón y al día siguiente en casa de la abuela, se distrae mucho. 
  • Evitar distracciones. La televisión no debe ser su compañero habitual en la comida. Si durante ese momento proliferan los juegos, cuentos o disfraces, tenderá a prolongarlo para que dure más la “función”. Nosotros/as mismos/as le estaremos apartando del objetivo, que es comer. Pensemos que la comida es un acto también social, y es un buen momento para conversar y comenzar a dar un modelo adecuado.
  • Limitar el tiempo. Los/las niños/as pequeños/as no suelen tener buenas referencias del tiempo que emplean en hacer algo. Para ayudarles se les puede poner un reloj con alarma o un cronómetro de cocina, de los que se emplean para controlar el tiempo de cocción de los alimentos. Un/a niño/a suele comer en unos 30 minutos. 
  • No ofrecer plato alternativo si no quiere comer. Le ofreceremos una sola comida y si no quiere, pues no pasa nada. Se queda sin comer y no se le da otro plato distinto, pero sin dramas ni castigos. A un/a niño/a sano/a no le pasa nada si no le insistimos, ni le reñimos por no comer. 

Los principios que debemos recordar son: 


  • Para comer, lo único se necesita es tener hambre; ningún niño se muere de hambre si tiene comida a su alcance. Esto no significa que lo llevemos al extremo, sólo que un niño, cuando sienta hambre acabará comiendo, lo que juega a nuestro favor.
  • Los niños pueden comer de todo, a no ser por indicación del pediatra debido a una alergia o una intolerancia. Esto no significa que tengan preferencias y que le gusten más unos alimentos que otros.
  • Pero cuidado, preferencia no es sinónimo de exclusividad y no tienen por qué desplazar otros alimentos del menú del niño.
  • Olvidarnos de la expresión “de tal palo tal astilla”: que a uno de los papás no le guste una determinada comida no quiere decir que se lo tengamos que inculcar al niño. Hay que darle la oportunidad de que coma de todo.
  • Hay que establecer una rutina y un ritual; hay que empezar a modificar el escenario y respetar en lo posible un horario fijo de comidas. Hay que procurar que el niño coma con los demás miembros de la familia y que éstos no se levanten continuamente.
  • Finalmente, recordemos que los pequeños pasos son los más duraderos: por ese motivo, hay que ir despacito, comenzando por pequeños objetivos.

Lo que no se debe hacer:


  • Tener ideas preconcebidas acerca de la cantidad de comida que se debe comer. Como hemos dicho, cada niño necesita una cantidad determinada, porque no todos tienen el mismo apetito.
  • Un mal hábito es que si no ha comido bien, ir probando en otros momentos. No es cierto que cualquier momento es bueno para comer. Suele ocurrir con niños que comen poco que se les da a todas horas y por ello no tienen hambre. Es conveniente respetar las comidas del día y no añadir ninguna más, aunque consideremos que ha comido poco en la anterior.
  • Dejar que coma entre horas bollos, chuches, … con la excusa de que así tiene algo en el estómago.
  • Cambiar continuamente de alimentos para ver qué es lo que le gusta a nuestro hijo.
  • Enmascarar determinados alimentos con otros sabores puede ser práctico en un primer momento, para que acepte el alimento, pero luego tiene que irse potenciando su sabor original. Otra medida consiste en que pruebe el alimento que no le gusta y acompañarlo con una contingencia positiva (otro alimento que le guste mucho).
  • No es conveniente preguntar al niño qué menú quiere. Sí se aconseja respetar los gustos, pero intentando que la dieta sea lo más variada posible
  • Sería conveniente no obsesionarse con el tema puesto que transmitimos a nuestros hijos ese sentimiento, aunque no lo manifestemos verbalmente. Está sobradamente comprobado que la ansiedad de los padres repercute directa o indirectamente en los niños.


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