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viernes, 21 de noviembre de 2014

Llora y llora... las temibles rabietas

La mayoría de las madres y padres hemos tenido que aguantar una serie de rabietas especialmente de nuestros hijos o hijas entre los dos y tres años. Esto se debe a que está intentando establecer su individualidad y pretende hacerlo todo a su manera, y por eso nos parece que de repente están rebeldes. En realidad se trata de un signo de aumento de independencia, y debería alegrarnos, aunque no sea fácil de resistir, especialmente en público.

Las mamás y papás somos modelo de conducta, es decir, que nuestros hijos van a imitar muchos de nuestros comportamientos. Así que a la hora de pedir algo hemos de mostrar cómo se hace o actuar de modo coherente, es decir, sin pegar voces ni descontrolarnos emocionalmente. Aunque ya sabemos que esto a veces cuesta, es mejor que contemos hasta diez o hasta veinte, si hace falta, antes de descontrolar. No podemos regañar a nuestros hijos por tener una rabieta cuando nosotros mismo no somos capaces de controlar nuestro mal humor o falta de paciencia.

Las rabietas de una niña o un niño siempre tienen algún motivo. Posiblemente se dio cuenta por casualidad de que su comportamiento daba resultados, pero lo que debe aprender es que se traba de una conducta inadecuada que no conduce a nada y que no le ayuda en su frustración ni le libra de una obligación. Pero lo más importante es que se de cuenta de nuestra manera de pensar con respecto a su comportamiento.

El objetivo principal de la mayoría de las rabietas es llamar la atención, y esto lo consiguen, no sólo cuando les damos lo que buscan, si no también cuando le regañamos, le miramos, les hablamos intentando razonar con ellos, etc., ya que estaremos reforzando su ira con atención por nuestra parte.Por ello, la forma más rápida para liberarse y liberarlos de este comportamiento es ignorar las rabietas. Si se le ignora mientras está en un lugar seguro, se le enseñará que las rabietas no son eficaces y aprenderá a utilizarlas con menos frecuencia.
¡Pero cuidado!, si un niño está acostumbrado a que le prestemos atención durante una rabieta, cuando empecemos a ignorar su comportamiento, lo repetirá más tiempo al principio... no cedas, es muy importante aguantar puesto que si cedemos habremos reforzado mucho más tiempo de rabieta. No te preocupes, aunque aumente al principio, después, poco a poco, desaparecerá. 

Algunos consejos que pueden servirte son:

  • Apártate. Haz otra cosa mientras dure la rabieta, continúa la conversación interrumpida. Si el niño o niña está en lugar seguro puedes incluso abandonar la habitación, observando la situación a distancia y sin que te vea. 
  • Ten cuidado de no mirar al niño o niña, ya que incluso una breve mirada puede prolongar la rabieta. 
  • Puedes esperar unos minutos a que su llanto disminuya y decirle: "Cuando hayas terminado de llorar, vuelve y nos iremos a jugar", con un tono de voz firme pero tranquilo. 
  • Cuando el niño o niña termine la rabieta hay que recibirlo como si no hubiese pasado nada, proporcionándole una ocasión de relajarse y congraciarse con los demás, sin mencionar el incidente. 
Si la pataleta se prolonga, y estamos al límite de nuestras fuerzas con ganas de ceder a sus exigencias es mejor: 
  • Explicarle que estamos cansados de oírle.
  • Llevarle a otra habitación y sentarle en una silla, ignorarle. 
  • Decirle que debe sentarse durante un tiempo (años de edad por minuto, por ejemplo) y que no podrá moverse de la silla hasta que no esté tranquilo. 
  • Tenemos que tener en cuenta que llorar es una respuesta más a la que algunos niños y niñas están muy entrenados, y que en realidad no les pasa nada grave. Es una herramienta que usan para conseguir lo que quieren. 
También es muy útil conocer cuándo es posible que se vaya a producir la rabieta, para anticiparnos y cambiar de tema u ofrecerle una alternativa. Es muy importante que el niño o niña sepa que estamos hablando en serio y no se va a cambiar de idea. 

En cualquier caso, que nuestros hijos tengan rabietas es algo normal, y que todos habremos tenido. Hemos de verlo como una reivindicación de independencia y de prueba para ver donde están los límites. No es algo personal, tan solo parte de su desarrollo y autonomía.



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