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viernes, 23 de enero de 2015

¿Cómo enseñar autonomía a nuestros niños y niñas?

¿Qué entendemos por autonomía personal? 
Consideramos que nuestro hijo es autónomo cuando es capaz de hacer sin ay las actividades propias de su edad sin ayuda.

¿Y por qué hemos de enseñar autonomía personal a nuestros hijos? 
Un niño o una niña poco autónomo suele ser dependiente, requiere ayuda continua, tiene poca iniciativa, y tiene más dificultades para solucionar los problemas propios de su edad, no sólo con los adultos si no también con otros niños.

¿Qué hábitos son los que debemos enseñar?
Como consejo general es que todo aquello que pueda hacer solo, sin que suponga un riesgo, ha de hacerlo solo. Sin embargo, y como guía, deberíamos centrarnos en perseguir que adquieran los siguientes hábitos:


  1. Higiene. Todo lo referido a la higiene y autocuidado personal como el control de esfínteres, lavarse las manos sólo, cepillado de dientes, el baño, lavarse la cabeza, peinarse, usar los productos de higiene...
  2. Vestido. Saber vestirse y desvestirse solo, usar las prendas, cuidarlas y guardarlas en el lugar adecuado.
  3. Comida. Saber comer solo, usar los cubiertos, cogerlos adecuadamente, poner y quitar la mesa...
  4. Hábitos de la vida en común y social. Estos hábitos hacen referencia a la relación con los demás, y la conducta en el hogar y en la escuela. Tienen que ver con las habilidades sociales básicas: saludar, despedirse, dar las gracias, pedir las cosas por favor... así como normas de convivencia como no cruzar con semáforo en rojo, evitar peligros, comprar, usar el transporte público, ir al cine, teatro...


¿Y cómo lo enseñamos? 
Es importante explicar lo que vamos a hacer, dedicar tiempo intentando que siempre sea en el mismo momento ya que los niños se adaptan muy bien a las rutinas.

Explicaremos lo que queremos enseñar y destacaremos las ventajas de poseer o no la habilidad en concreto: por ejemplo, "hoy vamos a aprender cómo lavarnos los dientes. Esto es muy importante aprenderlo porque así tendrás unos dientes sanos y no tendrás caries..."

Una vez hagamos esto, procederemos a enseñarles a través del modelo (nosotros mismos) y el modelado (aproximaciones sucesivas). Si no sabe hacer la tarea en cuestión, podremos hacerla con ellos hasta que poco a poco la vayan realizando ellos solos.

En todo momento es imprescindible el halago, la comunicación positiva y el elogio, ya que esto producirá en ellos un afán de superación y muchas ganas de seguir practicando y mejorando.

Es también importante que en la supervisión siempre utilicemos un lenguaje positivo, es decir, en lugar de decir: "así no se hace, está mal, trae ya lo hago yo!", podemos decir algo así como: "muy bien, lo has hecho pero la próxima vez acuérdate de que los zapatos tienen que ir en su lugar", y le mostramos la tarea bien hecha.

Y por último, cuando un niño no hace las cosas y creemos que no sabe hacerlas, probablemente es que no nos hemos parado a enseñarle, o se lo hemos hecho nosotros todo, por prisas, porque nosotros lo sabemos hacer y tardamos menos.

Es importante que no cedamos a su propia comodidad, si él no lo hace será porque es más cómodo, así que intentemos ayudarle a que lo vaya haciendo, ofreciéndole alternativas positivas: "si haces... iremos a jugar", o "ya eres un mayor y sabes hacer muchas cosas, qué bien, qué contento estoy porque ahora nos dará más tiempo a jugar"

La mayoría de los niños pequeños, entre los dos o cuatro años, sí quieren hacer las cosas solos y somos los padres los que acabamos postergando el momento de dejarlos hacer... Hemos de tener claro que su bienestar emocional también depende de su capacidad para hacer las cosas, y que esto ha de ser cuanto antes mejor.

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