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viernes, 5 de diciembre de 2014

Comunicación clara y positiva para "portarse bien"

Muchas veces los padres y madres hablamos como si nuestros hijos fuesen una extensión nuestra y tuviesen que entender exactamente a qué nos referimos con nuestras palabras. Por ejemplo, les preguntamos cosas como: ¿te has portado bien?, ¿has sido bueno?, sin pensar que este tipo de preguntas son demasiado abstractas. Ellos aprenden rápido que la respuesta a esa pregunta es un rotundo "SI", pero no necesariamente eso significa que sepan lo que están respondiendo ya que tampoco saben qué es lo que se espera exactamente de ellos.
La comunicación con los niños ha de ser positiva si lo que queremos conseguir es algo positivo, ha de ser concreta si lo que queremos es que hagan algo concreto, y ha de ser orientada a retos y logros si lo que queremos es que aprendan a superarse y a mejorar con una autoestima saludable.

Muchos niños y niñas actúan mal porque es lo que se espera de ellos, "se portan mal" porque nosotros no paramos de decírselo con nuestras palabras, actos y  comportamiento hacia ellos. Y esto, aunque nos parezca increíble, repercute sobre todo en ellos generando mucha inseguridad y falta de autoestima. Un niño necesita límites pero también necesita confianza.

Decirle a nuestro hijo: "yo confío en ti" tiene unos efectos sorprendentes, siempre y cuando sea cierto y le estemos dejando espacio para equivocarse, para probar, y también para demostrar que es capaz. Pensemos que los padres y madres somos los guías para que ellos vayan descubriendo el camino, pero no tenemos que darles el camino hecho. En todo caso, tendremos que tener la habilidad para marcar con señales qué, cómo y por dónde han de ir, pero no llevarle de la mano todo el recorrido.

A veces olvidamos que el refuerzo y el reconocimiento por los logros y los esfuerzos son los mejores impulsores del aprendizaje. Un ser humano aprende sobre todo por refuerzo, es decir, por las consecuencias gratas y agradables a su comportamiento. A todos nosotros nos encanta que reconozcan nuestro trabajo, que nos paguen a fin de mes, que nos den una palmada en la espalda para decirnos "muy bien, me gusta, buen trabajo", y sabemos perfectamente que tenemos que hacer para evitar el castigo, nadie viene a decirnos: "como hoy has estado menos concentrado en el trabajo, te voy a quitar el café", por poner un ejemplo. Nosotros sabemos cuándo no estamos rindiendo todo lo que podríamos haber rendido, sabemos que si hoy tengo un mal día, mañana será mejor, sabemos que si traspasamos los límites, me juego las consecuencias... Esto es lo que hemos conseguido a través de la maduración y la responsabilidad.

Con nuestros hijos e hijas hemos de hacer exactamente lo mismo, conseguir que poco a poco vayan siendo cada vez más responsables  y autónomos en la aplicación de consecuencias, que no tengamos que ser jueces que aplican sentencias a su comportamiento. Dejemos claros los límites y las consecuencias de traspasarlos, y a partir de ahí, reforcemos cualquier aproximación a la conducta adecuada con mensajes claros, positivos, concretos. Recordemos que estamos modelando no solo que se porten bien, sino que crezcan con una autoestima sana, con una capacidad para decidir y discriminar en función de las consecuencias, y que estos repertorios mañana serán la herramienta que marque la diferencia frente a un mundo en el que nosotros no siempre estaremos ahí.

Y por último recuerda que:

  • El mejor reforzador eres tú mismo, con tu apoyo, tu cariño y tu atención. Piensa que el refuerzo emocional (qué contenta estoy, me gusta cómo eres, confío en ti...) es muy fácil aplicarlo porque siempre lo tienes disponible. 
  • Realizar actividades placenteras, que les guste mucho a nuestros niños, son un reforzador muy eficaz y consigue una orientación a logros y retos muy potente. 
  • La motivación ha de ser primero externa para conseguir que poco a poco vaya interiorizándose y convirtiéndose en motor interno e impulsor del comportamiento. 
Y lo más importante: tengamos cuidado con las etiquetas, si esperamos un comportamiento de nuestros hijos, no nos sorprendamos de que lo lleven a cabo. Esperemos, por tanto, lo que queremos que hagan y dejemos el espacio para hacerlo. 

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