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viernes, 20 de noviembre de 2015

Poner límites para ayudarles a crecer

Imaginemos un mundo sin normas ni límites, donde podamos circular con el coche por donde queramos, llegar a cualquier hora al trabajo, o quizás no ir... ¿podríamos soportarlo? Probablemente no.

Cualquier organización social, incluso en los animales, existe un código de conducta donde ciertas normas ayudan a la convivencia y la orientación. Las personas vivimos en una sociedad compleja, donde los límites, las normas, la organización no sólo ayuda a convivir y respetar, si no a estructurar la cabeza, el pensamiento y, en definitiva, la felicidad.

Sin embargo, es cierto que en ciertas civilizaciones como la nuestra (y sobre todo en las grandes ciudades) la organización se está transformando por las necesidades que van surgiendo. Los horarios laborales, las distancias y las obligaciones han ido configurando un modelo donde a veces los niños lo tienen difícil para poder ejercer su profesión que es jugar.

Las madres y padres muchas veces nos sentimos responsables y sentimos preocupación porque quizás les sometemos a demasiadas obligaciones y responsabilidades desde muy pequeños. Y ante esta situación surge el conflicto interno que nos hace reaccionar "consintiendo" o en ocasiones, comprándoles muchas cosas para suplir lo que pensamos que les falta.

Y no está mal que llenemos a nuestros hijos de comodidades, tampoco está mal que les mostremos amor y seamos dulces y amorosos con ellos. Pero esto no es incompatible con poner límites. Enseñarles que hay que poner normas no implica que tengamos que regañarles, ni que tengamos que ser severos y distantes con ellos, podemos poner límites y normas siendo la mamá y el papá más amoroso del mundo.

Poner normas a los niños les ayuda a desarrollarse, a madurar y a crecer. Con los límites contribuimos a que su cerebro se estructure y organice de tal forma que puedan en un futuro tener mayor éxito en cualquier parcela de su vida. Y esto no es incompatible con educarles en la libertad, en el amor y en el manejo de sus propias emociones, si no más bien al contrario. Cuanto más libre es una persona más capaz es de asumir reglas y adaptarse a las situaciones que la vida les vaya mostrando. Cuanto más me adapto a esas situaciones, más éxito y por tanto mayor percepción de felicidad tendré. Aprender qué me gusta hacer y qué no me gusta hacer también es parte de su educación emocional. Conocer qué debo y qué no debo hacer según qué situaciones, también es parte de su educación emocional.

Por tanto, hemos de comenzar el plan de poner límites desde muy pequeños, casi desde que nacen. Y ¿cómo he de hacerlo? Aquí van algunas pautas y recomendaciones de cómo hemos de enseñarles:

  • En primer lugar seamos claros y concisos. Cuando les decimos a nuestros hijos lo que no está bien, muchas veces les damos demasiadas explicaciones y la mayor parte de las veces nuestros hijos no entienden qué es en definitiva lo que han hecho mal. Hay que explicarles los motivos por los que no se pueden hacer determinadas cosas, o las consecuencias de hacerlas, pero de modo claro, conciso y breve. Por ejemplo, si va a tocar un enchufe le decimos "no, puedes hacerte daño", pero no necesitamos explicarles mucho más. 
  • Seamos firmes. Si es no, es no. Los niños van a tratar de convencernos para que cambiemos de opinión, y que les dejemos hacer lo que quieren y si nosotros nos retractamos la próxima vez lo intentarán mucho más insistentemente. Esto no quiere decir que no podamos cambiar de opinión, pero siempre que lo hagamos expliquémosles que esto es puntual y se debe a las razones que sean. 
  • Confiemos en ellos y en nosotros mismos. Muchas veces desconfiamos de nuestras decisiones, nos da pena, pensamos que es muy pequeño... y esto nos hace flaquear y cambiar de opinión en función de la desconfianza. Otras veces no confiamos en ellos, les damos una instrucción pero no les creemos capaces de hacerlo y esto hace que ellos se sientan desconfiados también a la hora de llevarlo a cabo. La confianza es quizás el arma más poderosa para educar, pensemos que lo que estamos haciendo siempre es desde el amor y el bienestar que queremos para nuestros hijos, y que ellos necesitan sentir confianza. 
  • Comunicación clara y positiva. Ya hemos hablado en otras ocasiones en este blog sobre la importancia de la comunicación. No es lo mismo decir: "como no te comas las lentejas no ves la tele", a decir, "si te comes las lentejas verás un rato los dibujos". Es lo mismo, pero no es igual ¿verdad? La mayor parte de las veces usamos un lenguaje negativo y amenazante, provocando incomprensión, indefensión y en muchas ocasiones reacciones contrarias a lo que pretendemos. Seamos positivos, y seamos coherentes. Si les decimos las consecuencias que tendrá su comportamiento, tenemos que cumplirlo para que nuestra palabra tenga valor. 
  • Consecuencias. Cuando nuestros hijos sobrepasen una regla han de tener claras cuáles son las consecuencias de ello. Solo así podrán aprender a tomar conciencia de sus errores y tomar la decisión adecuada. Ya hemos hablado también de que las consecuencias positivas son mejores que las negativas, o dicho de otro modo, aprendemos mejor por refuerzo que por castigo. Sin embargo, el castigo funciona siempre que el niño lo conozca previamente (sé que si hago tal cosa me pasa tal otra) y exista una alternativa de conducta mejor por la que obtener el refuerzo. Por ejemplo: Si les decimos que no pueden jugar con la pelota dentro de casa porque si no se quedará sin jugar dentro y fuera de casa, les estamos explicando las consecuencias de un comportamiento y el castigo. Pero si además les explicamos que pueden jugar con la pelota en lugares abiertos, en el parque, etc. les estaremos dando una alternativa por la cual obtener la gratificación que es jugar. 
  • Seamos coherentes y equilibrados. Para hacer ver a nuestros hijos que no han actuado bien no hace falta que les hagamos sentir que son malos o que les queremos menos. Tampoco hace falta levantar el tono de voz, perder el control emocional, etc. Con decirles claramente qué es lo que no han hecho bien, con el gesto serio y el tono de voz adecuado, es suficiente. Ser coherentes es importante para ejercer un modelo asertivo y adecuado para el futuro de su desarrollo. 
Pensemos ante todo que programar los límites, enseñarles autonomía, responsabilidad y asumir determinadas normas no está reñido con la conversación fluida, la confianza y el afecto. Y que, ante todo, estaremos contribuyendo a hacerles mejores personas con los demás pero, y sobre todo, con ellos mismos también.

Algunos libros interesantes:

  • Álava Reyes, Mª Jesús (2004). El no también les ayuda a crecer. La Esfera de los libros. 
  • Peine, H.A.; Howarth, R. (1999). Padres e hijos. Problemas cotidianos de conducta. Madrid Siglo XXI.
  • VV.AA. (1995). Portarse bien. Medici.


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