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viernes, 18 de diciembre de 2015

Con la Navidad llegaron los juguetes

Tengo un hermano que tiene dos hijos, un niño y una niña de 2 y 1 año respectivamente. Ayer me contó que mientras estaban con ellos en su cuarto de juegos, el niño les dijo a sus padres: "papá, mamá, dejad el móvil".

Y es que mientras acompañaban a sus hijos jugando, padre y madre estaban interactuando con su móvil (cada uno el suyo) y no con sus hijos. También hay que decir que esto no lo hacen siempre, pero claro, imaginaos qué cara se les quedó a los padres. He de decir también que la persona con la que mi hermano interactuaba al otro lado de los hilos era yo, y que cuando me lo contó después por teléfono pensé: "cuánta sabiduría derrochan los niños y qué poco confiamos los adultos en ella".

Estamos a las puertas de la Navidad, esa época del año que es vivida con especial ilusión en los niños y niñas pequeñas. La ilusión de que por ser yo, por ser pequeño, voy a recibir montones de juguetes.  La ilusión por las luces, las celebraciones, los estímulos que les rodean y que les hacen creer en la magia.

Y esa ilusión nos contagia también a los padres y madres, haciendo imposibles para conseguir ser el Rey Mago, para poder demostrarles que hacen bien en creer en la magia porque ellos, sin saber por las penurias que pasamos a veces los padres, recibirán lo que piden en su carta. Aunque ¿realmente es cierto que reciben lo que quieren?

Mi sobrino con su reclamación lo que quiere es que sus padres hablen con él, que interactúen con él, que pasen tiempo con él. La mayor parte de los niños reclaman también eso, tiempo con sus padres, tiempo con sus madres.

Quizás en estas fechas seamos capaces de conseguirles también eso, tiempo. Pero la verdad es que muchas veces esto no es lo que derrochamos cuando no es Navidad.

La primera reflexión que os quiero lanzar es que nos olvidemos de los juguetes por un momento y les enseñemos a nuestros hijos el verdadero significado de la magia de disfrutar de cada momento que pasamos con ellos. A veces estamos demasiado centrados en tener y darles muchas cosas, pero no tanto en ser o en estar con ellos. Sí, ya sé que el tiempo es el que es y que el trabajo consume mucho, pero como se dice ya en un clásico eslogan: "no es tan importante la cantidad como la calidad". Fijaos que mi sobrino no les dijo a sus padres: "quiero que paséis más tiempo conmigo", si no,"dejad el móvil". Les dijo, estad conmigo, mirad lo que hago, mirad cómo me divierto, divertíos conmigo.

Así que en estas vacaciones, aunque vengan los Reyes Magos cargados de juguetes, no olvidéis pedir en vuestra carta mejor tiempo para estar con vuestros hijos e hijas.



Y ya que estamos "metidos en harina", permitidme que os cuente que ya aproveché la llamada telefónica de ayer y le pregunté a mi hermano sobre qué regalo podía hacerles a mis sobrinos: ¿qué necesitan?... la verdad es que la frase tiene su curiosidad, porque necesitar, lo que se dice necesitar, no necesitan nada. Y así me lo hizo saber mi hermano que, un año más, me recordó que están llenos de juguetes y que dado que de todos modos les voy a regalar algo me recomendaba lo siguiente:

Al niño de dos años le gusta mucho jugar con juguetes de ingenio, educativos le dije yo, y me sentí bastante orgullosa de mi sobrino (no lo voy a negar). Comencé a pensar en diversos juegos para su edad, qué cosas iba a trabajar con él... pero ¿y a la niña? Resulta que hay juguetes diferentes para niños y niñas, y claro, como es muy pequeña y aún no se entera mucho me dijo "ya sabes que ropa siempre viene bien". Y en ese punto me puse a pensar en vestidos y accesorios de ropa que siempre a las niñas les luce mucho.

Pensemos un momento en cómo condicionamos desde su más tierna infancia sus gustos y lo que les tiene que gustar. No sé por qué al niño no le viene bien la ropa, tendrá que vestirse también ¿no? Sin embargo, para el niño juegos de ingenio y para la niña, ropa. Realmente darles la oportunidad de elegir sin condicionamientos provocará en ellos mayor seguridad.

No sé qué les compraré al final, creo que invertiré algo de tiempo y dinero en regalarles cosas que sean: duraderas, educativas y, sobre todo, que les permita interactuar entre sí, con sus padres y con su tía.


Una última cosa... espero de corazón que disfrutéis mucho estas vacaciones de vuestro tiempo y de vuestros hijos e hijas. ¡Muy, muy Feliz Navidad familias!

viernes, 20 de noviembre de 2015

Poner límites para ayudarles a crecer

Imaginemos un mundo sin normas ni límites, donde podamos circular con el coche por donde queramos, llegar a cualquier hora al trabajo, o quizás no ir... ¿podríamos soportarlo? Probablemente no.

Cualquier organización social, incluso en los animales, existe un código de conducta donde ciertas normas ayudan a la convivencia y la orientación. Las personas vivimos en una sociedad compleja, donde los límites, las normas, la organización no sólo ayuda a convivir y respetar, si no a estructurar la cabeza, el pensamiento y, en definitiva, la felicidad.

Sin embargo, es cierto que en ciertas civilizaciones como la nuestra (y sobre todo en las grandes ciudades) la organización se está transformando por las necesidades que van surgiendo. Los horarios laborales, las distancias y las obligaciones han ido configurando un modelo donde a veces los niños lo tienen difícil para poder ejercer su profesión que es jugar.

Las madres y padres muchas veces nos sentimos responsables y sentimos preocupación porque quizás les sometemos a demasiadas obligaciones y responsabilidades desde muy pequeños. Y ante esta situación surge el conflicto interno que nos hace reaccionar "consintiendo" o en ocasiones, comprándoles muchas cosas para suplir lo que pensamos que les falta.

Y no está mal que llenemos a nuestros hijos de comodidades, tampoco está mal que les mostremos amor y seamos dulces y amorosos con ellos. Pero esto no es incompatible con poner límites. Enseñarles que hay que poner normas no implica que tengamos que regañarles, ni que tengamos que ser severos y distantes con ellos, podemos poner límites y normas siendo la mamá y el papá más amoroso del mundo.

Poner normas a los niños les ayuda a desarrollarse, a madurar y a crecer. Con los límites contribuimos a que su cerebro se estructure y organice de tal forma que puedan en un futuro tener mayor éxito en cualquier parcela de su vida. Y esto no es incompatible con educarles en la libertad, en el amor y en el manejo de sus propias emociones, si no más bien al contrario. Cuanto más libre es una persona más capaz es de asumir reglas y adaptarse a las situaciones que la vida les vaya mostrando. Cuanto más me adapto a esas situaciones, más éxito y por tanto mayor percepción de felicidad tendré. Aprender qué me gusta hacer y qué no me gusta hacer también es parte de su educación emocional. Conocer qué debo y qué no debo hacer según qué situaciones, también es parte de su educación emocional.

Por tanto, hemos de comenzar el plan de poner límites desde muy pequeños, casi desde que nacen. Y ¿cómo he de hacerlo? Aquí van algunas pautas y recomendaciones de cómo hemos de enseñarles:

  • En primer lugar seamos claros y concisos. Cuando les decimos a nuestros hijos lo que no está bien, muchas veces les damos demasiadas explicaciones y la mayor parte de las veces nuestros hijos no entienden qué es en definitiva lo que han hecho mal. Hay que explicarles los motivos por los que no se pueden hacer determinadas cosas, o las consecuencias de hacerlas, pero de modo claro, conciso y breve. Por ejemplo, si va a tocar un enchufe le decimos "no, puedes hacerte daño", pero no necesitamos explicarles mucho más. 
  • Seamos firmes. Si es no, es no. Los niños van a tratar de convencernos para que cambiemos de opinión, y que les dejemos hacer lo que quieren y si nosotros nos retractamos la próxima vez lo intentarán mucho más insistentemente. Esto no quiere decir que no podamos cambiar de opinión, pero siempre que lo hagamos expliquémosles que esto es puntual y se debe a las razones que sean. 
  • Confiemos en ellos y en nosotros mismos. Muchas veces desconfiamos de nuestras decisiones, nos da pena, pensamos que es muy pequeño... y esto nos hace flaquear y cambiar de opinión en función de la desconfianza. Otras veces no confiamos en ellos, les damos una instrucción pero no les creemos capaces de hacerlo y esto hace que ellos se sientan desconfiados también a la hora de llevarlo a cabo. La confianza es quizás el arma más poderosa para educar, pensemos que lo que estamos haciendo siempre es desde el amor y el bienestar que queremos para nuestros hijos, y que ellos necesitan sentir confianza. 
  • Comunicación clara y positiva. Ya hemos hablado en otras ocasiones en este blog sobre la importancia de la comunicación. No es lo mismo decir: "como no te comas las lentejas no ves la tele", a decir, "si te comes las lentejas verás un rato los dibujos". Es lo mismo, pero no es igual ¿verdad? La mayor parte de las veces usamos un lenguaje negativo y amenazante, provocando incomprensión, indefensión y en muchas ocasiones reacciones contrarias a lo que pretendemos. Seamos positivos, y seamos coherentes. Si les decimos las consecuencias que tendrá su comportamiento, tenemos que cumplirlo para que nuestra palabra tenga valor. 
  • Consecuencias. Cuando nuestros hijos sobrepasen una regla han de tener claras cuáles son las consecuencias de ello. Solo así podrán aprender a tomar conciencia de sus errores y tomar la decisión adecuada. Ya hemos hablado también de que las consecuencias positivas son mejores que las negativas, o dicho de otro modo, aprendemos mejor por refuerzo que por castigo. Sin embargo, el castigo funciona siempre que el niño lo conozca previamente (sé que si hago tal cosa me pasa tal otra) y exista una alternativa de conducta mejor por la que obtener el refuerzo. Por ejemplo: Si les decimos que no pueden jugar con la pelota dentro de casa porque si no se quedará sin jugar dentro y fuera de casa, les estamos explicando las consecuencias de un comportamiento y el castigo. Pero si además les explicamos que pueden jugar con la pelota en lugares abiertos, en el parque, etc. les estaremos dando una alternativa por la cual obtener la gratificación que es jugar. 
  • Seamos coherentes y equilibrados. Para hacer ver a nuestros hijos que no han actuado bien no hace falta que les hagamos sentir que son malos o que les queremos menos. Tampoco hace falta levantar el tono de voz, perder el control emocional, etc. Con decirles claramente qué es lo que no han hecho bien, con el gesto serio y el tono de voz adecuado, es suficiente. Ser coherentes es importante para ejercer un modelo asertivo y adecuado para el futuro de su desarrollo. 
Pensemos ante todo que programar los límites, enseñarles autonomía, responsabilidad y asumir determinadas normas no está reñido con la conversación fluida, la confianza y el afecto. Y que, ante todo, estaremos contribuyendo a hacerles mejores personas con los demás pero, y sobre todo, con ellos mismos también.

Algunos libros interesantes:

  • Álava Reyes, Mª Jesús (2004). El no también les ayuda a crecer. La Esfera de los libros. 
  • Peine, H.A.; Howarth, R. (1999). Padres e hijos. Problemas cotidianos de conducta. Madrid Siglo XXI.
  • VV.AA. (1995). Portarse bien. Medici.


martes, 10 de noviembre de 2015

La sexualidad infantil: Ante esos "tocamientos" incómodos

Desde que el ser humano nace, su sexualidad es algo que le acompaña desde siempre. Desde el nacimiento e incluso antes. Esto conlleva que muchos niños sientan curiosidad por sus órganos genitales y se exploren, lo que preocupa en muchas ocasiones a sus padres. Muchos padres y madres sienten intranquilidad por no saber si esto es normal o si es una conducta que deba preocuparles porque sea mala. Sin embargo, vaya por delante que esta conducta es perfectamente normal y tiene que ver con la evolución del niño o niña.

Los órganos genitales tienen sensibilidad y son capaces de producir sensaciones agradables desde muy pequeños. Los niños y niñas exploran el mundo y dentro de esa exploración también está la de su propio cuerpo, y por eso la llamada "masturbación infantil" es una consecuencia lógica de esa curiosidad. Es una consecuencia del desarrollo disfrutar de tocar sus genitales y de las sensaciones que produce, del mismo modo que se disfruta con un baño caliente, los sabores dulces o las palabras amables de papá o mamá.
Sin embargo, no podemos hablar en los mismos términos que se habla en la etapa adolescente, cuya estimulación es diferente y tiene un contenido muy diferente. Realmente en el caso de la etapa infantil, más que masturbación deberíamos hablar de "autoestimulación infantil", y persigue únicamente la satisfacción por la curiosidad de explorar el propio cuerpo.

Desde este punto de vista, es imprescindible no ver con ojos de adulto las conductas de los niños, y no interpretar su intencionalidad más allá de la curiosidad y el placer que supone, sin un contenido sexual a ojos del adulto: no hay un deseo erótico que lo motive, es únicamente curiosidad y el autoconocimiento.

¿Cómo hemos de comportarnos los padres?

Lo primero que hemos de saber es que dependiendo de la actitud que tengamos los adultos, así será que se mantengan o no las conductas y las consecuencias y causas de éstas. Es muy importante que desde el principio se haga una buena educación sexual, sin censurar y respondiendo con naturalidad a lo que los niños quieran saber. Es muy normal que busquen, pregunten y pidan ayuda del mismo modo que lo hacen con otros temas sobre los que quieren saber y preguntan. No debe ser un contenido prohibido, puesto que si lo hacemos prohibido los niños seguramente sientan más curiosidad.
De este modo no deberíamos censurar en ningún caso, ni decirles "eso no se hace" o quitarle de un manotazo las manos de los genitales. El modo de proceder ha de ser enseñarles cuándo pueden hacerlo y cuándo no, según lo que socialmente se espera y el concepto de intimidad que cada familia tenga. Es decir, el modo de proceder es acorde a la adecuación de la conducta y el lugar, y no tanto sobre la conducta en sí misma que, como ya decimos, es natural.

Algunas pautas útiles

Para aclarar y despejar cualquier duda ante el comportamiento o la actitud que deben tener los padres, ambas especialistas enumeran una serie de claves fundamentales.

  • Dependiendo del lugar/contexto: Enseñarles cuándo pueden hacerlo y cuándo no, de acuerdo a las pautas familiares y también al contexto. Es decir, fuera de casa, será censurado socialmente cualquier tocamiento en público y esa es la norma que la familia debería inculcar en el bebé 'aquí no' o 'ahora no' y en el niño.
  • Aclarar las dudas que tengan: Lo más importante es que el niño aprenda que se quiere y se puede hablar de estos temas, como se hace con otros. Los padres deben tratar el asunto con la mayor naturalidad posible y contestar a las preguntas del niño siempre en función de su edad y capacidades. No esperar que sean ellos los que te cuenten. No importa reconocer si algo no se sabe, pues lo más importante es la predisposición que se tenga, que el niño vea una actitud de naturalidad y confianza en ellos.
  • No tener miedo a hablar y educar en sexualidad: El mejor recurso para educar la sexualidad en la familia es utilizar las anécdotas del día a día. Por ejemplo, cuando vemos a una pareja besándose en el parque puede ser una oportunidad para transmitir conocimientos (siempre adecuados a su edad) y estrategias para manejarse, poco a poco, en estos ámbitos, y darles a conocer los valores de nuestra familia. Se trata de educar, no de adoctrinar. Utilizar la primera persona y argumentar con razones las creencias permite aprender que hay muchas maneras de vivir la sexualidad y todas ellas muy válidas siempre que sean coherentes con los propios valores y deseos.

martes, 27 de octubre de 2015

Los mordiscos en la Escuela Infantil

Seguro que alguna vez nos hemos encontrado con que, al ir a buscar a nuestro hijo, nos dice la profe que ha mordido a otro niño, o al revés, que a nuestro hijo le han mordido en la escuela.
Evidentemente esto es algo que a nadie le gusta escuchar, ni en un sentido ni en el otro, así que quizás lo más importante es aprender por qué sucede y cómo podemos ayudar a corregirlo.

Morder es una manera rápida de conseguir algo, ya sea un juguete o simplemente llamar la atención. También puede ser una forma de querer comunicarse cuando el niño o la niña aún no han desarrollado el habla para pedir lo que desea.

Además, no olvidemos que los niños pequeños tienen una alta impulsividad y esto hace que muchas veces su forma de comunicación se limite a empujones, manotazos o mordiscos.

En el caso de los bebés, es a través de la boca como exploran el mundo. Pueden morder porque están muy alegres o porque quieren conocer los objetos o para calmar el dolor de sus encías.

Sin embargo, en el caso de los niños de 1 a 3 años ya comienza a ser diferente. En este período van incorporándose a la colectividad, pero aún no poseen el dominio del lenguaje ni tienen habilidades sociales suficientes para poder comunicarse. Por eso utilizan a veces con este tipo de comportamientos. 

Todo esto no significa que tengamos que dejarles hacerlo, ya que nuestro papel como padres y madres, y también como educadores, es el de enseñar a un niño a manejar esa impulsividad y a desarrollar otras pautas de comunicación menos dañinas.

Para un niño de menos de 3 años es muy difícil que entienda que con su actuación causa daño a otros, y por eso hemos de actuar para ir modelando el comportamiento hasta conseguir que aprenda a no hacerlo.

¿Cómo actuar entonces?

  • Si al niño le están saliendo los dientes, ofrezcámosle diferentes objetos para que explore y le sirvan también para calmarse. 
  • Debemos actuar de forma coordinada y coherente con las diferentes personas que atienden al niño, principalmente padres y educadores. Debemos mostrar firmeza ante los mordiscos del niño y explicarle que no se puede hacer daño. 
  • Si su actitud persiste, explicarle que si sigue causando daño se le separará del grupo y del juego. En este caso, debe estar separado solo unos minutos, de 2 a 5 minutos, permitiéndole que vuelva al grupo a reconocer lo que ha hecho y pedir perdon a su compañero/a. Si no sabe hablar, hemos de motivar que le de un beso o un abrazo a modo de disculpa. 
  • Mostraremos alternativas de comportamiento, como enseñarle a pedir las cosas, y mostrar respeto a los compañeros.
  • En situación de conflicto, debemos dar un "no" firme y volcar toda la atención sobre el niño que ha sufrido el daño, haciendo hincapié en las consecuencias para el niño, y cómo se siente. Una vez superado, hay que hablar con él para ofrecerle alternativas al comportamiento. 
  • El mensaje verbal es fundamental, aunque no sepan hablar entienden y así ofrecemos estimulación del lenguaje para que pueda ir madurando en él. 
  • Y por último, pero muy importante: ofrezcamos modelos adecuados que puedan aprender a imitar. Evitemos juegos que "justifiquen" la agresión, muchas veces a través del juego permitimos determinados comportamientos que están cerca de la agresión y esto puede provocar que los niños no discriminen entre lo que está bien y es un juego, de lo que está mal y es una agresión. Debemos por tanto enseñarles a jugar mediante la insistencia en conductas más pacíficas. 

Es asímismo muy importante, estar en permanente comunicación con la escuela para trazar una línea común de actuación.

martes, 22 de septiembre de 2015

La llegada de un hermanito

La llegada de un hermanito o de una hermanita es una gran alegría pero conlleva enormes cambios. La vida de la familia se trastorna por completo, debido al cambio del ritmo de vida impuesto por el recién llegado y es normal que sea precisamente el hijo mayor el que se resienta en mayor medida de esta novedad.

El recién nacido concentra toda la atención, los cuidados y el afecto de todos, y la vida familiar empieza a regularse en función de sus necesidades. Visto de este modo, es fácil entender que nuestro hijo mayor experimente algunos celos hacia el pequeño, o por lo menos, si no son celos, algo de ansiedad.

Para los hermanos mayores, la llegada de un hermano requerirá la atención de los padres ya que puede provocar resentimiento, angustia, incertidumbre. Su aceptación va a depender de la forma en cómo se maneje el anuncio del embarazo, la forma de integrarlo durante todo el desarrollo del mismo y la forma de presentárselo después del nacimiento, tratando de que la incorporación del nuevo miembro no cause estragos en el grupo familiar.

Pero ¿cómo podemos prepararle para la llegada del nuevo hermano?

El papel del hermano mayor

Antes todo giraba en torno al hijo mayor. Ahora este rol va a desaparecer y va a surgir el rol de hermano mayor que debe ayudar, portarse bien, cuidar del hermano, etc. El niño debe sentirse querido y mimado igual que siempre y para ello los padres deben estar muy pendientes de él y dejarle involucrarse en las cosas que tengan que ver con la llegada del nuevo hermano. De este modo lo vivirá como algo que también es de él y no sólo de los mayores. Si le involucramos en cositas sencillas se sentirá importante y verá que le valoramos.

Es importante que tengamos en cuenta que hasta ahora, el niño no contaba con nadie más que con sus padres para relacionarse, pedir ayuda, etc. Pasar a ser hermano mayor conlleva también pasar a tener más responsabilidades y asumir un rol que no conocía. Si somos capaces de transmitírselo con entusiasmo es muy probable que acuse menos los comportamientos que suelen darse en ellos.

A menudo se sentirá sólo o dado de lado, creerá que ya no es importante para los mayores, pueden aparecer miedos al rechazo o al abandono y los padres tendrán que poner especial cuidado en comentarios que puedan herir al niño. Aunque parezca que está a lo suyo los niños lo están escuchando todo y se dan cuenta de lo que hacemos y decimos.

Pasar de ser el favorito a ser el segundo no gusta a nadie, pero la idea que debemos transmitir es la de ganancia. ¿Qué gana el niño mayor con la llegada del hermano? Podrá jugar con otra persona, podrá hacer cosas solo que antes no se le permitían, ahora por la falta de tiempo le responsabilizarán de cosas de mayor.

¿Qué puede sentir nuestro hijo?

Este acontecimiento en ocasiones puede producir algunos cambios de conducta en el hermano mayor, dándose regresiones incluso. Por ejemplo: niños mayores vuelven a hacerse pis en la cama cuando ya lo habían controlado o vuelven a succionar el pulgar o a beber en biberón. Además, pueden mostrarse tristes e irritables y, en casos más extremos, aprovechar los momentos en que no son observados para agredir físicamente a su hermanito.

El razonamiento de estos niños es parecido al siguiente: "mamá prefiere al bebé porque es más pequeño", por lo que "si me vuelvo a comportar como cuando era bebé, seré nuevamente el preferido". Este problema, llamado comúnmente "Complejo de Caín" normalmente desaparece en poco tiempo, ya que el niño quiere volver a ser grande nuevamente para disfrutar de las ventajas de ser mayor, siempre y cuando ambos padres estén conscientes de que él también tiene necesidades de amor y caricias.

Cuanto más pequeño sea el niño, más notará la llegada del nuevo hermanito, más difícil le resultará
superarlo, menos herramientas posee para manejar la nueva situación y adaptarse a ella (hasta los 6-7 años los niños son muy egocéntricos en cuanto al afecto, y por ello le costará mucho ponerse en el lugar de los otros). Por otro lado, cuanto más pequeño, mayor es la dependencia con respecto a sus padres.

¿Cómo debo manejar esta situación después del parto?

• Dedícate exclusivamente a él en su primera visita: Después del nacimiento trata de que sea uno de los primeros en visitarte y dedícate exclusivamente a él en su primer visita. Es muy buena idea tener preparado algún regalo traído por el nuevo bebé para su hermanito mayor.
• No modifiques su rutina diaria: Conviene no cambiarle la rutina diaria y si hay que hacer algún cambio en la casa para acomodar al recién nacido, conviene hacerlo con mucha anticipación y con su ayuda, para minimizar confusiones.
• Pídele que te ayude a cuidar al bebé: Ya de vuelta en casa, trata en lo posible y dependiendo de su edad, que coopere en todo lo posible, que guarde los pañales, que te ayude a vestirlo, durante el baño, o que meza la cuna para dormirlo.
• Dar relevancia al hecho de que él es el mayor y que por ello goza de unas responsabilidades y unas ventajas mayores respecto al recién nacido, sin provocar, que el niño crezca demasiado deprisa ni pretender que se acostumbre de inmediato a la nueva situación.
• Mantener sus espacios y respetar sus lugares y pertenencias.
• Enseñarle canciones de cuna para dormir al bebé: Es buena idea que le enseñes canciones para dormirlo, las mismas que tú le cantabas a él cuando era niño.
• No fuerces situaciones que él no desee: En los casos en que lo ignore por completo, no fuerces la situación, cuando él lo crea conveniente se acercará solito.
• Dedícale todo el tiempo posible cuando no tengas que cuidar a tu bebé: Cuando el bebé esté durmiendo pasa todo el tiempo posible con él y que el padre lo atienda mientras tu alimentas o bañas al bebé, de forma que el niño sienta que tiene a uno de sus padres con el 100% de su atención exclusivamente para él. Reservar un tiempo del día para sentaros con él tranquilamente y hablar de sus cosas. Hay que demostrarle que tiene toda nuestra atención.
• No lo apartes bruscamente cuando atiendas al nuevo bebé.
• No permitir el comportamiento caprichoso; los padres deben seguir tratando al niño del mismo modo que lo hacían cuando se portaban mal, en este momento también hay que hacerlo. Mantener unos límites claros.
• No evites demostrar cariño y afecto por el nuevo hermano, es un error evitar el contacto directo con el nuevo hijo delante del hermano mayor para evitar que éste último sienta celos o se ponga triste puesto que esto generará contradicciones y no enseñaremos que podemos tener mucho amor para los dos.
• Tratad de compartir alguna actividad con el hijo o los hijos mayores: la ida a la cama, al jardín, un paseo por el parque, un cuento, etc. Esto les hará sentir que no perdieron todos los espacios con la madre y que es una cuestión de tiempo recuperar prácticamente todos, aunque algunos ya serán siempre con el hermano.
• El papá suele ser el aliado por excelencia del hijo mayor. Esto significa que el padre puede comenzar a incentivar al niño a iniciar alguna actividad juntos –jugar a la pelota, leer, tomar la leche, visitar a los abuelos, etc.-, ahora que la madre está tan ocupada y ambos tienen tiempo libre.
• Es bueno dejar que el niño toque al bebé y lo acaricie desde sus primeros días. No hay que ser sobreprotectores con el nuevo bebé.

Aún así, pueden sentir celos y manifestar conductas como llamadas de atención que en muchos casos hacen de modo insconsciente:
• Desobediencia, oposición o negativismo hacia la autoridad paterna.
• Conductas regresivas (como volver a hacerse pis en la cama).
• Tristeza.
• Conductas con las que manifieste explícitamente su rechazo hacia el nuevo hermanito e incluso conductas agresivas y violentas.

¿Cómo podemos actuar si siente celos?

Como en cualquier patrón de manejo de la conducta en nuestros hijos, lo más importante es actuar con serenidad y paciencia. Muchos de los problemas de nuestros hijos desaparecen con la madurez y por eso hemos de observarlos ofreciendo alternativas y herramientas para manejar las situaciones. No obstante, algunas pautas que pueden servirnos de actuación son:

• Ignorar las conductas negativas recurrentes con las que el niño pretende llamar la atención, y reforzar los comportamientos de “verdadero hermano mayor”, o cuando el niño demuestra un verdadero interés y un esfuerzo por superar sus celos con gestos de cariño.
• Cuando se castiguen conductas inapropiadas el niño debe conocer con detalle por qué se le castiga. Se castiga una mala conducta, que el niño se ha portado mal, no que sea malo, porque ningún niño “es malo”.
• Muchos de los castigos suelen aplicarse después de conductas violentas o agresivas: el niño debe entender que de ninguna manera obtendrá beneficios adoptando ese tipo de conductas, que nada las justifica, que deben controlarse y reprimirse.
• Cuando esto suceda hay que enseñarle a arrepentirse, a pedir disculpas sin humillación, con mucha calma y sin agresividad por nuestra parte (no podemos corregir la violencia con más violencia). Hacerle ver que todos nos equivocamos y podemos rectificar, que todos pedimos disculpas alguna vez y con ello tratamos de ser mejores.
• Reserva un tiempo especial para estar tu hijo mayor. Explícaselo claramente: “Mamá siente no poder estar contigo en este momento. Pero dentro de un rato podremos jugar juntos". Y no permitas que nada interfiera con ese momento. Abrázalo, cántale o léele como siempre lo has hecho. Mientras menos cambios se produzcan en su rutinaria, menos stress sentirá.
• La hora de ir a la cama, de comer e ir de paseo son particularmente importantes. También es importante compartir sin que haya una agenda predeterminada; así tu hijo mayor sentirá que puede tomar decisiones sobre las actividades que van a realizar juntos.
• A pesar de que todo este trabajo de preparación y apoyo puede ayudar a tu hijo mayor a superar este proceso de adaptación inicial, no esperes que la paz dure por siempre. Con cada nueva etapa en el desarrollo del bebé, es probable que el hermano mayor experimente retrocesos y malestar.
• Se deben evitar las comparaciones
• Ten en cuenta que cada niño, cada hijo, cada hermano es diferente, y que por lo tanto necesitarán un trato y respuestas diferenciadas. Los niños deben aprender la existencia de estas diferencias, y así comprender que ser diferente no implica ser mejor o peor que…
• Intentad no hacer comparaciones entre él y el hermano cuando esté delante, se lo tomará a mal y se sentirá menospreciado. Su mente lo interpretará como que antes todo lo hacía bien y ahora es su hermanito el que le hace la competencia. Con estos comentarios ayudaremos a que la competitividad entre hermanos sea mayor y se podrá alargar cuando sean más mayores.

Por último, una buena herramienta para trabajar un momento tan importante pueden ser los cuentos. En este enlace tenéis una lista de cuentos que os pueden ayudar:
http://www.escueladesuperpadres.es/cuentos-para-la-llegada-de-un-hermano/

lunes, 14 de septiembre de 2015

Hacer amigos en Infantil

Una de las grandes ventajas de la escuela en edades tan tempranas es la socialización de los niños. En Educación Infantil aunque comencemos a aprender prelectura, preescritura y prematemáticas, quizás lo más significativo es que comenzamos también a hacer amigos.

Son edades muy tempranas para afianzar relaciones, pero lo que suceda en esta etapa irá sirviendo de ensayo de lo que seremos capaces de hacer después. No porque sean pequeños tenemos que dejar de promover y facilitar habilidades que les sirvan para identificar sus emociones, sus deseos y sus preferencias a la hora de tener amigos.

Para los niños que se sienten cómodos con sí mismos y se llevan bien con los demás, es mucho más probable que tengan éxito en la escuela y en la vida, que los que se encuentran emocionalmente desconectados, carecen de autoestima, o no saben interactuar con otros. Es por eso muy importante trabajar la emocionalidad y sociabilidad desde el comienzo de sus vidas.

Al principio los bebés reaccionan a los estímulos a través del llanto y la sonrisa. Poco a poco van desarrollando la sonrisa social, es decir, aquella que responde a los estímulos sociales con las personas más cercanas (generalmente los padres y familiares cercanos). Lo que va a ir sucediendo después tiene mucho que ver con cómo nos comportemos con ellos, qué tipo de experiencias les hagamos vivir y cómo afrontemos la ampliación del círculo social con ellos.

Todos tenemos emociones que nacemos con ellas. Con lo que no nacemos es con el conocimiento de cómo manejarlas para que nos sirvan de algo.

Enseñarle a los niños acerca de la naturaleza de las emociones no es esconderlas o eliminaras, la mayoría de ellas pueden ser tanto de beneficio como problemáticas.

Como en la mayoría de las áreas, los niños se fijan en sus personas de referencia (madre, padre, maestra,...) como modelos a seguir. Los modelos de conducta, como ya hemos comentado en este blog en otras ocasiones, son muchas veces más potentes de lo que pensamos y es muy importante ofrecer modelos competentes que les sirvan de referencia.

Los padres y  madres también pueden:
  • Ayudar a los niños a identificar y darle nombre a las emociones que estén experimentando, "veo que estás enfadado". Y ofrecerles una alternativa para poder expresar dichas emociones: "Cuando estás enfadado no debes perder el control, pide tu turno o pregúntame si hay otro lápiz amarillo que puedas usar."
  • Reconocer los logros de los niños y celebrarlos. La alabanza constante interfiere con su habilidad para desarrollar auto-estima. Pero el reconocimiento sincero por los logros, aunque éste parezca trivial desde la perspectiva del adulto (por ejemplo beber de un vaso por primera vez sin derramar el líquido) ayuda al desarrollo de la confianza y hace que los niños quieran continuar intentando cosas nuevas y estructurando habilidades nuevas. Hay que transmitir confianza y seguridad para que ellos sientan que pueden lograr cualquier cosa con la constancia y el esfuerzo adecuado. 
  • Es recomendable que los papás y mamás utilicen el refuerzo en lugar del castigo. Es mejor guiar el comportamiento hacia lo que sí hay que hacer que hacia lo que no hay que hacer, aunque esto también tenga que estar presente. Es bueno involucrar a los niños en la elaboración de las normas ya que les hace protagonistas y se sienten más responsables. 
  • Las expectativas han de ser realistas, en cuanto a desarrollo se refiere. Un niño de un año no está listo todavía para compartir un juguete. Pero un niño de cuatro años puede empezar a usar las estrategias del compartir como es tomar turnos o jugar juntos con un juguete.
Dentro del entorno escolar, también se trabajan las nociones básicas de la educación en valores a través de estrategias de trabajo, que pueden ser las siguientes:

  1. Las normas y la autorregulación de la conducta. Es importante hacerles partícipes de la elaboración y aprobación de las normas, sobre todo a partir de los 4 años donde son más capaces de asumir responsabilidades sobre su propia conducta. 
  2. Las narraciones y las historias ejemplares: los cuentos son una oportunidad para introducir al niño en el proceso cognitivo y afectivo del aprendizaje.
  3. La clarificación y el autoconocimiento. Los niños han interiorizado un conjunto de valores como producto de sus experiencias previas. Una estrategia recomendable es jugar o conversar sobre aquello que el niño o niña valora, cuáles son los valores familiares y de su entorno cercano.
  4. La reflexión de dilemas y el diálogo. La mayor dificultad para actuar con base en valores es que en la vida las disyuntivas no siempre se presentan como elecciones entre lo bueno y lo malo; a veces tenemos que elegir entre dos valores, por ejemplo la amistad y la honestidad.
  5. El análisis de situaciones sociales. Enseñar a través de la acción, el ensayo sobre las situaciones cotidianas relacionadas con el ámbito social, como los juegos, los amigos, estrategias de relación...
Y por último y a modo de recordatorio, es importante que tengamos en cuenta una vez más, que todos los adultos que interactuamos con los niños somos potentes modelos de comportamiento, valores y expresión de emociones. Hagamos lo mismo que les pedimos, mostrando el modelo a seguir de modo competente. 


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Y llegó "la vuelta al cole"

Sin saber muy bien cómo, septiembre ya está aquí y con él ha llegado ese mes en el que volvemos a las rutinas, nos incorporamos al trabajo y nuestros hijos e hijas al colegio.

Para algunos es una reincoporación, para otros es completamente nuevo. Sea como sea, para unos y otros la vuelta al cole supone a veces un poquito de estrés, y conlleva volver a reconducir ritmos, rutinas y hábitos que hemos perdido durante el verano.

Los niños pequeños acusan estos cambios mucho más, no tienen tan presente la noción del tiempo y esto hace que, aunque ya estuvieron en el cole en el curso anterior, lo vivan como una novedad y a veces les cuesta adaptarse. Por otro lado, para aquellos niños que nunca antes han estado escolarizados, la incorporación al colegio es todavía más estresante, y debemos ser muy pacientes para ayudarles a que vivan ese período de la manera más tranquila.

Llamamos período de adaptación, por tanto, a un período que no suele durar más de quince días y que conlleva algunos comportamientos que nos ponen nerviosos y nos hacen preocuparnos como lloros, temor a separarse de los padres... Normalmente estos comportamientos se dan en el momento de la separación, y tienden a desaparecer en cuanto los padres desaparecen y comienzan a sentirse confortables en su clase con sus compañeros.

¿Y qué debemos hacer nosotros, padres y madres, para favorecer su adaptación? Lo primero y más importante es saber que nuestros hijos van a estar bien y que es absolutamente normal cierto temor a lo nuevo y a lo desconocido.

  • Debemos transmitir mucha tranquilidad y alegría, tienen que percibir que no estamos inquietos nosotros también porque esto sólo contribuirá a inquietarlos. Los niños son muy sensitivos y suelen percibir nuestra propia inseguridad, por lo que es muy importante mostrarles tranquilidad y seguridad emocional. 
  • Hagámosles ver que el cole es un lugar estupendo, lleno de experiencias para ellos y que van a disfrutar. No mostremos el colegio como un lugar de sufrimiento y esfuerzo, porque sentirán entonces que al cole se va a sufrir y no a disfrutar. 
  • Intentemos organizar rutinas desde ya en casa para que puedan irse organizando y no sea tan brusco el cambio. Pensemos que han estado muchos días sin horarios y esto puede ser uno de los puntos más conflictivos a la hora de volver al cole. 
  • Cuando salgan del cole, debemos interesarnos por todo lo que han aprendido y jugado. No hagamos un interrogatorio sobre qué han comido, si se han portado bien... es mucho mejor preguntarles por todo lo que han disfrutado y si han hecho amigos (a no ser que se trate de bebés, ¡claro!). Acostumbrarles a pensar en esos términos contribuirá a confiar y comunicar más adelante lo que les sucede cuando no están con nosotros. 

Y para terminar, debemos continuar haciendo lo que quizás hayamos estado haciendo este verano, y es jugar con ellos, aprovechar cada minuto para disfrutar de la compañía juntos porque cada momento de juego es también un momento de aprendizaje y desarrollo, y servirá para fortalecer un vínculo de seguridad emocional que necesitarán para poder realizar poco a poco su camino hacia la madurez.

Os dejo un vídeo muy interesante que nos hará reflexionar y sacar nuestro niño interior, juguemos con nuestros hijos porque ese es el mejor regalo que podemos hacerles, ¡en verano o en cualquier época del año!